El buen pastor con el cordero sobre los hombros
(RV).- (audio) El buen pastor con el cordero sobre los hombros Han sido presentados al Papa Francisco, pasado el mediodía, en la Domus Santa Marthae, como es ya tradicional, los dos corderos bendecidos por la mañana con ocasión de la memoria litúrgica de Santa Inés, en la iglesia del mismo nombre de la Vía Nomentana. La lana de estos corderos será la que se utilizará para confeccionar los sagrados Palios que serán impuestos por el Papa a los nuevos arzobispos metropolitanos el próximo 29 de junio, durante la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo.
El Palio es un ornamento litúrgico de honor y de jurisdicción del Papa y de los arzobispos metropolitanos en sus Iglesias y en las de su provincia. Consiste en una tira de lana blanca de unos cuatro dedos de ancha, hecha en forma de collar, guarnecida alrededor con seis cruces de seda negra y con dos cabos pendientes uno sobre la espalda y otro sobre el pecho del prelado, que rematan dos cruces negras con dos chapas de plomo en el interior para que tengan consistencia y se adapten al cuerpo. Representa el símbolo del Buen Pastor con el cordero sobre los hombros. El Santo Padre impone esta banda de lana blanca a los nuevos arzobispos metropolitanos en signo de su especial comunión con la Sede apostólica.
ER RV

Fuente:: News.va

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Zamora 181Independientemente de la edad y de creencias religiosas, el Centro de Escucha San Camilo es un servicio que ofrece la Diócesis de Zamora para atender individual, familiar y grupalmente a personas con dificultades para afrontar el fallecimiento de algún ser querido.  

El responsable del centro es el delegado diocesano para la Familia y Defensa de la Vida, Florencio Gago. Bajo la dirección de este sacerdote se encuentran una psicóloga y un equipo de ocho colaboradores y voluntarios.

La metodología empleada se basa en el conocimiento de que los grupos de acompañamiento ofrecen el calor, la acogida y la escucha necesarios para movilizar las emociones del doliente, de forma que las libere por medio de la palabra y así pueda aceptar su pérdida y encajar el dolor en su vida. Por lo tanto el objetivo de los grupos no es olvidar el dolor o erradicarlo, sino asumirlo, situarlo en su lugar y aprender a vivir con él.

En el grupo de acompañamiento el doliente puede encontrar un ambiente de respeto, confidencialidad y comprensión que propicie la búsqueda de motivación para retomar las riendas de su vida. Todo ello canalizado por la orientación de una profesional especializada en el tema, que favorece la liberación de sentimientos para enfrentarse a ellos y a sus consecuencias.

El grupo de voluntarios realiza acompañamientos a personas que no se pueden desplazar o que solicitan un tipo de atención más personalizado.

El Centro de Escucha San Camilo comenzó a funcionar en el año 2008; desde entonces este servicio de la Iglesia diocesana ha atendido a 59 personas gratuitamente, de las cuales la mayoría han sido mujeres. De acuerdo con los datos que se desprenden de la memoria de actividad, la demanda en atención en duelo se incrementa a partir de los 30 años, llegando a su punto álgido en el tramo entre los 50 y 70 años, para a continuación decrecer ligeramente.

En lo relativo al tipo de duelo, predomina el producido por el fallecimiento de los hijos (47 %), seguido del debido a la pérdida del esposo (37 %), los padres (12 %), hermanos (3 %) y el duelo por separación causado por el divorcio (3 %).

La forma de contactar con el Centro es muy sencilla, ya que tiene los mismos datos que el Centro de Orientación Familiar (COF) diocesano: calle Diego de Losada 18, 2º derecha (Zamora), número de teléfono 980 511 065 y correo electrónico: cof@diocesisdezamora.es.

(Viky Esteban – Iglesia en Zamora)

Novedad en San Camilo: el reencuentro

(Por Sara Castro, psicóloga del Centro)

Los grupos de ayuda mutua cumplen diferentes funciones: ayudan a sentirse comprendido, a no sentirse solo en la lucha ni raro por lo que se experimenta, a fijarse en el ejemplo del compañero para retomar esperanzas para seguir viviendo e incluso para orientarse en el caminar… En definitiva, a sentirse acompañado cariñosamente, con respeto y sin ser juzgado en la dura tarea de elaborar el duelo. Es por ello que resulta inevitable que se creen unos lazos entre los componentes del grupo que se echen de menos cuando el mismo ha finalizado.

Debido a esta voluntad de reencontrarse con los viejos compañeros, para así poder compartir lágrimas de desahogo, risas y momentos vividos en el pasado o en la actualidad, surge este nuevo grupo. Se trata de un espacio donde se intenta fomentar el reencuentro, el contacto con los demás para coger fuerzas en la lucha, ya que el dolor por perder a un ser querido, aunque no sea tan desgarrador como al principio, seguirá estando siempre ahí. Las reuniones son bimensuales, dando comienzo en febrero, y son coordinadas por tres madres que perdieron a sus hijos y que, después de elaborar sus respectivos duelos, se han ofrecido con gran generosidad como voluntarias, para lo cual siguen un itinerario de formación continua y poder así ayudar con profesionalidad a otras personas en su misma situación.

(Iglesia en Zamora)

Fuente:: SIC

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IV GRAN GALA DE LA ZARZUELAEl próximo sábado 25 de enero, a las 20:30 horas, tendrá lugar, en el Teatro Quijano de Ciudad Real, la IV Gran Antología de la Zarzuela, bajo la dirección de Francisco Antonio Moya y en apoyo a los misioneros de Ciudad Real

Esta IV Antología de la Zarzuela está organizada por la Orquesta Filarmónica de La Mancha, con la colaboración del Ayuntamiento de Ciudad Real. En el concierto, participará el Coro Mansil Nahar de Manzanares, la Coral Polifónica de Ciudad Real y la Coral Sierra Alta de Villarrubia de los Ojos, siempre bajo la dirección de Francisco Antonio Moya Rubio. 

Las entradas para asistir al concierto puedes adquirirse en CCM Activa a través de internet, solicitándolo en el número de teléfono 902 405 902 o directamente en el Teatro Quijano, en el horario habitual para la venta de entradas del recinto.

Fuente:: SIC

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Ladrones de humanidadMons. Jesús Sanz     Acaba de ser estrenada en las pantallas españolas una película llena de mensaje: La ladrona de libros. Está basada en la novela homónima de Markus Zusak (2005) y reconstruye las pequeñas historias anónimas dentro de la gran historia conocida. En medio de una guerra cruel, se desliza un relato de humanidad verdadera. Tiene como trasfondo la barbarie nazi de la II Guerra mundial. Las pinceladas gruesas del sinsentido totalitario están suficientemente sugeridas por el ataque a la dignidad de la persona, a su misma existencia puesta en tela de juicio, en virtud de la ideología que un loco enloquecedor pudo llevar a cabo con el incomprensible aplauso y adhesión de casi todo un pueblo cegato.

Quedan también indicados algunos rasgos menores que igualmente describen aquella tremenda tragedia que se llevó por delante a tantas personas en nombre de la nada más vacía. Allí aparece el miedo, la violencia, la mentira, la demagogia, la envidia, la conspiración, la huida. Pero en medio de toda esta descripción terrible a la que nunca nos acostumbramos ni ante la que nos resignaremos, aparece esa historia pequeña que como un inmenso contrapunto es capaz de ganar la batalla contra toda esperanza, porque el amor es más fuerte que la muerte, como dice con belleza provocativa el libro del Cantar de los cantares.

Hay tres historias de amor sencillo, lleno de verdad y ternura, de esa ternura que salvará el mundo, como decía el gran escritor y teólogo ruso Pavel Evdokimov. En primer lugar está el amor de una familia, que dentro de su extrema precariedad hacen sitio en su pobre hogar para que pueda venir a vivir con ellos una niña. La ternura de quienes tuvieron que hacer de papá y mamá prestados, aún dentro de sus matices temperamentales diversos, es una flor que de pronto pinta de color aquel desierto oscurecido por un grisáceo cenagal. Es también el amor de dos niños, Liesel y Rudi, que en su pureza sin ambigüedad, son capaces de acompañarse con sus sueños y juegos infantiles por encima de las pesadillas trágicas de los adultos. Es en fin, el amor de la niña protagonista, Liesel, a las letras, las palabras, los libros que rescata o toma prestados, con lo que día a día ella va escribiendo su propia biografía en el libro de la vida inacabada. Es una constante en la historia de los humanos, que los amigos de las barbaries, de la violencia, son también enemigos de la vida y de la verdadera cultura. Ejemplos tenemos bien cercanos.

Pero hay una escena particularmente significativa que me conmovió y que viene a ser una clave del encanto de esta película. Están deteniendo los soldados nazis a un pobre hombre judío. Era del pueblo, vivía en aquella calle del Cielo (Himmelstrasse), había nacido allí y todos le conocían y apreciaban. Pero por el hecho de ser judío quedó manchada su condición alemana, y los bárbaros decidieron eliminarlo. Es entonces cuando entra en acción el papá de Liesel para salir en su defensa como un sencillo conciudadano. La brutal agresión que él sufre por este gesto le tira por los suelos, le golpea la cabeza. ¿Por qué lo han hecho? Y esta es la respuesta que se da: porque les ha recordado su humanidad.

Es tremenda la escena por su calidad humana y por su violencia a la vez: recordar la belleza, la bondad, la verdad para las que hemos nacido, puede ser revolucionario. Y así lo sufren tantas personas censuradas, perseguidas y eliminadas, así lo sufren los cristianos. Recordar la humanidad de la que estamos hechos es un modo de testimoniar al Creador que nos hizo sin renunciar al destino que Él nos ha dado.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo

Fuente:: Mons. Jesús Sanz

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Ladrones de humanidadMons. Jesús Sanz     Acaba de ser estrenada en las pantallas españolas una película llena de mensaje: La ladrona de libros. Está basada en la novela homónima de Markus Zusak (2005) y reconstruye las pequeñas historias anónimas dentro de la gran historia conocida. En medio de una guerra cruel, se desliza un relato de humanidad verdadera. Tiene como trasfondo la barbarie nazi de la II Guerra mundial. Las pinceladas gruesas del sinsentido totalitario están suficientemente sugeridas por el ataque a la dignidad de la persona, a su misma existencia puesta en tela de juicio, en virtud de la ideología que un loco enloquecedor pudo llevar a cabo con el incomprensible aplauso y adhesión de casi todo un pueblo cegato.

Quedan también indicados algunos rasgos menores que igualmente describen aquella tremenda tragedia que se llevó por delante a tantas personas en nombre de la nada más vacía. Allí aparece el miedo, la violencia, la mentira, la demagogia, la envidia, la conspiración, la huida. Pero en medio de toda esta descripción terrible a la que nunca nos acostumbramos ni ante la que nos resignaremos, aparece esa historia pequeña que como un inmenso contrapunto es capaz de ganar la batalla contra toda esperanza, porque el amor es más fuerte que la muerte, como dice con belleza provocativa el libro del Cantar de los cantares.

Hay tres historias de amor sencillo, lleno de verdad y ternura, de esa ternura que salvará el mundo, como decía el gran escritor y teólogo ruso Pavel Evdokimov. En primer lugar está el amor de una familia, que dentro de su extrema precariedad hacen sitio en su pobre hogar para que pueda venir a vivir con ellos una niña. La ternura de quienes tuvieron que hacer de papá y mamá prestados, aún dentro de sus matices temperamentales diversos, es una flor que de pronto pinta de color aquel desierto oscurecido por un grisáceo cenagal. Es también el amor de dos niños, Liesel y Rudi, que en su pureza sin ambigüedad, son capaces de acompañarse con sus sueños y juegos infantiles por encima de las pesadillas trágicas de los adultos. Es en fin, el amor de la niña protagonista, Liesel, a las letras, las palabras, los libros que rescata o toma prestados, con lo que día a día ella va escribiendo su propia biografía en el libro de la vida inacabada. Es una constante en la historia de los humanos, que los amigos de las barbaries, de la violencia, son también enemigos de la vida y de la verdadera cultura. Ejemplos tenemos bien cercanos.

Pero hay una escena particularmente significativa que me conmovió y que viene a ser una clave del encanto de esta película. Están deteniendo los soldados nazis a un pobre hombre judío. Era del pueblo, vivía en aquella calle del Cielo (Himmelstrasse), había nacido allí y todos le conocían y apreciaban. Pero por el hecho de ser judío quedó manchada su condición alemana, y los bárbaros decidieron eliminarlo. Es entonces cuando entra en acción el papá de Liesel para salir en su defensa como un sencillo conciudadano. La brutal agresión que él sufre por este gesto le tira por los suelos, le golpea la cabeza. ¿Por qué lo han hecho? Y esta es la respuesta que se da: porque les ha recordado su humanidad.

Es tremenda la escena por su calidad humana y por su violencia a la vez: recordar la belleza, la bondad, la verdad para las que hemos nacido, puede ser revolucionario. Y así lo sufren tantas personas censuradas, perseguidas y eliminadas, así lo sufren los cristianos. Recordar la humanidad de la que estamos hechos es un modo de testimoniar al Creador que nos hizo sin renunciar al destino que Él nos ha dado.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo

Fuente:: Mons. Jesús Sanz

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eusebiohernandezobtarazonaMons. Eusebio Hernández    Queridos hermanos y amigos: Hoy quiero reflexionar con vosotros sobre dos temas que coinciden en estos primeros días del año. Por una parte, en este domingo, celebramos la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado y, por otra parte, del 18 al 25 de enero celebramos el Octavario o Semana de oración por la unidad de los cristianos.

Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado

Todos recordamos la visita del papa Francisco, el 8 de julio de 2013, a la pequeña isla de Lampedusa, en el sur de Sicilia, célebre por el desembarco continuo de emigrantes y que tantas veces es noticia ya que en las dos últimas décadas más de 25.000 personas han perdido sus vidas en el intento desesperado de salir de la pobreza o de la persecución de sus países de origen. Las costas del sur de España también nos recuerdan tantas veces esta realidad que conmueve nuestro corazón.

Como nos dice el mensaje de la Comisión Episcopal de Migraciones para este día: A los inmigrantes les abrimos las puertas cuando los necesitamos y se las cerramos cuando su presencia choca con nuestros intereses. El papa Francisco en su homilía en Lampedusa decía: Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, de los que hablaba Jesús en la parábola del Buen Samaritano: vemos al hermano medio muerto al borde del camino, quizás pensamos “pobrecito”, y seguimos nuestro camino, no nos compete; y con eso nos quedamos tranquilos, nos sentimos en paz.

Por ello en este día debemos todos hacer, como nos decía el Papa en aquella ocasión, un acto de penitencia: Pedimos perdón por la indiferencia hacia tantos hermanos y hermanas, te pedimos, Padre, perdón por quien se ha acomodado y se ha cerrado en su propio bienestar que anestesia el corazón, te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que llevan a estos dramas. ¡Perdón, Señor!

Semana de oración por la unidad de los cristianos

Durante estos días estamos también celebrando la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Es el deseo del Señor que quiere que todos los cristianos “seamos uno”. Con ocasión de este octavario podemos dar un paso en ese identificarnos con los mismos sentimientos de Jesús. Como nos decía el beato Juan Pablo II en estos días concretamos con nuestra oración el deseo de la unidad de la Iglesia y de todos los cristianos (Encíclica Ut unum sint, nn. 1 a 4)

En estos días pedimos al Señor que acelere los tiempos de la ansiada unión de todos los cristianos. Con palabras del papa Francisco pidamos a Dios: ayúdanos a ser miembros del Cuerpo de la Iglesia siempre profundamente unidos a Cristo; ayúdanos a no hacer sufrir el Cuerpo de la Iglesia con nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos; ayúdanos a ser miembros vivos vinculados entre sí por una sola fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones.

Con todo afecto os saludo y os bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Fuente:: Mons. Eusebio Hernández Sola

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Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín     Jesucristo fundó una y única Iglesia, a la cual hizo su Esposa, su Cuerpo y su Pueblo. En ella quiso que se entrara y se permaneciera por la profesión de una misma fe, la celebración de los mismos sacramentos, la vivencia de una misma moral y la práctica de la oración. Durante los mil primeros años de cristianismo, todos los que aceptaban la fe en Cristo y se incorporaban a la Iglesia por el Bautismo, formaron un solo rebaño bajo el cayado de un solo pastor.

Por desgracia, a principios del segundo milenio se produjo un importantísimo desgarrón en la túnica de la Iglesia. Tan importante, que se llevó por delante la mayor parte de los cristianos de Oriente. Desde entonces hasta hoy católicos y ortodoxos van cada uno por su camino, aunque tengan muchos e importantes puntos de coincidencia. A principios de la Época Moderna se produjo una nueva división, que afectó sobre todo a los cristianos de Europa. En ese momento surgen las iglesias de la Reforma y, un poco después, las de la Comunión anglicana. La situación actual es que católicos, ortodoxos, protestantes y anglicanos se llamen cristianos pero profesen, celebren y vivan una fe y una moral distintas.

No hace falta tener muy fina la piel espiritual, incluso la meramente humana, para “sentirse mal” ante un espectáculo tan deplorable, escandaloso y perjudicial para la causa del evangelio y el bien de la humanidad; y desear que este espectáculo termine lo antes posible para bien de todos.

A nadie se le oculta que restaurar unas heridas tan persistentes y profundas es una tarea titánica. Ciertamente, durante los últimos decenios se han dado pasos. Algunos muy importantes. Quizás lo más destacable sea que se ha creado lo que pudiéramos llamar “nueva psicología de la unión”, en cuanto que se han depuesto las hostilidades, hemos superado muchos recelos, y hemos firmado acuerdos hasta hace poco impensables.

En ello ha influido de modo decisivo el Concilio Vaticano II y los pontífices Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. El Papa Francisco quiere seguir por el mismo camino. Baste pensar que en su reciente y programática exhortación “La alegría del Evangelio”, ha hecho esta solemne declaración: “El empeño por una unidad que facilite la acogida de Jesucristo deja de ser mera diplomacia o cumplimiento forzado, para convertirse en un camino ineludible de evangelización” (n. 246).

Pero no podemos engañarnos. La unión plena y perfecta es imposible de realizar con las fuerzas humanas. Ciertamente es imprescindible que haya buena voluntad por parte de todos. Pero esto no basta para ir más allá de prejuicios ancestrales, discrepancias doctrinales profundas y postulados morales muy divergentes en algunos casos.

Con todo, la unión es tarea irrenunciable e inaplazable, porque la desunión va contra la voluntad de Jesucristo, frena gravemente la evangelización y priva al mundo de una luz y un fermento que ahora necesita especialmente. ¿Qué hacer?

Lo que iniciamos ayer en todas partes: rezar, rezar para que Dios tenga piedad de nosotros, perdone nuestros pecados y haga todo lo que crea necesario para realizar el milagro de la unión. Durante ocho días insistiremos de modo especial en este sentido y nos uniremos a todos los cristianos del mundo de buena voluntad que acudan a Dios haciendo la misma petición. Pero el Octavario por la Unidad no puede quedar encerrado en estos ocho días de cada mes de enero sino que ha de extenderse a todos los meses del año. Debe estimularnos el saber que es una petición que agrada mucho al Señor y que Él desea escuchar. Perseveremos en la oración, confiados en el poder de Dios, que puede hacer el gran milagro de la unidad de todos los que creemos en Cristo.

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Fuente:: Mons. Francisco Gil Hellín

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Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar     Queridos diocesanos:

La Palabra de Dios de este Domingo nos presenta a tres personajes con su respectiva misión: la 1ª lectura nos presenta al Siervo de Dios con una misión importante, ser luz de las naciones y hacer presente la salvación de Dios. Por su parte, la 2ª lectura nos presenta aSan Pablo como apóstol de los gentiles cuya misión es anunciar a Jesucristo a los pueblos que no lo conocen. Finalmente, el Evangelio nos presenta a Juan el Bautista con una misión importante: anunciar y dar testimonio de Jesús para que el pueblo acoja la salvación de Dios. El salmo responsorial que proclamamos nos refiere la actitud de los tres personajes referidos: ¡aquí estoy para hacer tu voluntad!

Cada uno de nosotros hemos recibido una preciosa llamada de parte de Cristo: ser sus seguidores y discípulos. ¿Cómo? Aceptándolo a Él, su mensaje y convirtiendo nuestra vida desde lo que Él nos pide. Pero hemos recibido también una importante misión que realizar como seguidores de Cristo: ser sus testigos en medio del mundo y anunciarle a los demás. Como a San Pablo, además, se nos encomienda la misión de anunciar a Cristo en medio de un mundo increyente, indiferente a los valores evangélicos en muchas ocasiones.

¿Cómo debemos ser testigos de Cristo? Pienso que de una doble manera:

1. Con nuestra palabra: hoy tenemos que explicar a este mundo indiferente lo más elemental de nuestra fe, sin presuponer nada. Tenemos que defender la fe frente a un ambiente que se empeña en infravalorarla e, incluso, desprestigiarla queriendo reducirnos al ridículo a cuantos creemos.

2. Sobre todo, en este ambiente social, hemos de ser testigos de Jesús con nuestra vida: siendo coherentes entre lo que decimos que somos y lo que vivimos. La coherencia es el único modo creíble por medio del cual nuestros contemporáneos van a percibir el mensaje que queremos transmitirles. El testimonio cristiano ha sido siempre importante pero hoy lo es de una forma especial. A muchos de los hombres y mujeres de nuestra sociedad sólo les va llagar la llamada de Dios a través del testimonio que demos los cristianos.

No podemos olvidar que a todos se nos ha confiado la tarea de evangelizar, como parte de la Iglesia que somos. Por el Bautismo, todos somos responsables de la evangelización de nuestro mundo y todos tenemos el deber de que el mensaje salvador de Cristo llegue a todos los hombres. Seremos verdaderamente anunciadores de Jesús y su mensaje en la medida en que lo vivimos, vivimos sus valores y su estilo de vida, ante los demás.

Con la docilidad que tuvieron los tres personajes que la Palabra de Dios hoy nos presenta, cumplamos también nosotros la misión que el Señor nos ha encomendado y el compromiso que adquirimos el día de nuestro Bautismo: ser discípulos y testigos de Jesús en medio del mundo.

¡Feliz Domingo para todos!

Vuestro Obispo

+ Gerardo Melgar

Fuente:: Mons. Gerardo Melgar

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373377_175709644041_1112772120_n-e1325068884465La Comisión Permanente del Secretariado Nacional del Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) de España se reunió en su sede de Madrid el pasado día 18 de enero de 2014.

Durante el evento, presidido por D. Álvaro Martínez Moreno, Presidente Nacional del MCC, con la presencia de Mons. Ángel Rubio Castro, Obispo de Segovia y Consiliario Nacional, así como con varios representantes del Movimiento, se trataron diferentes temas sobre el funcionamiento y desarrollo de éste en las diferentes diócesis españolas, los proyectos en marcha para llevar el Primer Anuncio del Evangelio dentro del marco de la Nueva Evangelización de la Iglesia, así como  la preparación del próximo encuentro a nivel nacional de Responsables de Jóvenes del MCC que se celebrará en Madrid los próximos días 7, 8 y 9 de febrero.

La reunión finalizó con la celebración de la Eucaristía. El Movimiento de Cursillos de Cristiandad es un Movimiento eclesial de difusión mundial que actúa en el interior de la Iglesia Católica, sintiéndose llamado a participar activamente en la gran misión de la evangelización. Su finalidad  apostólica consiste en llevar la fe cristiana a los diferentes ambientes de la vida, mediante una específica “metodología kerigmática” que consta de tres tiempos: Precursillo, Cursillo y Postcursillo. Los temas y los contenidos se basan en los preceptosfundamentales del Credo de nuestra fe católica: Jesucristo, la gracia, los sacramentos, la iglesia,el apostolado, la profundización en las verdades de fe y las experiencias y vivencias de fe.

(MCC España)

Fuente:: SIC

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Cordero de DiosMons. Demetrio Fernández    La presentación de Jesús por parte de Juan el Bautista es ésta: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Estamos acostumbrados a oírla, pero vale la pena detenerse a profundizar en su significado.

En la relación con Dios existe por parte del hombre el deseo de unión con Dios, y en ese contexto se sitúan los sacrificios. Es decir, presentarle a Dios de lo nuestro para que él lo bendiga y podamos así participar de sus bienes. Es muy frecuente en la historia de las religiones presentar a Dios un cordero, como fruto escogido del propio rebaño, y ofrecerlo en sacrificio, o destruyendo la víctima en honor de Dios, o santificándola para comerla en su nombre u ofreciéndola como reparación por los propios pecados.

En la religión judía el cordero ocupa un lugar especial, porque la fiesta principal judía consiste en comer un cordero, celebrando la pascua, la liberación por parte de Dios del pueblo elegido, y al mismo tiempo ese cordero es punto de encuentro de todos los comensales en la comunión fraterna. Más tarde los musulmanes tomarán también un cordero para su fiesta principal, la del sacrificio de Abrahám que estuvo dispuesto a ofrecer a su hijo Isaac, sustituido por un cordero.

El cordero forma parte del mundo de los sacrificios, es símbolo de perdón, de comunión, de ofrenda sacrificial de lo nuestro a Dios. Cuando Juan el Bautista presenta a Jesús como el “Cordero de Dios” está presentando la mejor ofrenda que en su día podremos hacer a Dios, el rescate por nuestros pecados y delitos, la comunión de vida con Dios que se acerca hasta nosotros.

Jesús es presentado desde el principio como el que viene a quitar el pecado del mundo. La separación más profunda del hombre con respecto a Dios se introdujo en el paraíso, cuando Adán y Eva pecaron desobedeciendo a Dios y sus mandatos. Rompieron con Dios y prefirieron seguir su propio camino, que conduce a la perdición. Todos nacemos en pecado, y además pecamos personalmente. Es decir, hemos roto con Dios tantas veces. ¿Y nadie podrá resolver esa ruptura, que nos lleva a la ruina?

Jesucristo es presentado como el que viene a curar esa fractura. El es el Hijo de Dios, que se ha hecho hombre como nosotros. Ya en su persona se da esta unión admirable de Dios y el hombre. Y su tarea, su misión redentora será la de traernos a Dios como Padre misericordioso, y presentarnos ante su Padre como hijos, haciéndonos hermanos suyos. En Cristo confluye ese deseo de Dios, que busca al hombre para hacerle partícipe de sus dones, de su vida, de su felicidad. Y en Cristo nos encontramos representados ante el Padre, pagando él por nosotros la deuda inmensa de nuestros pecados, con que hemos ofendido a Dios.

“Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. La ruptura del pecado no se arreglará con palabras, sino con la ofrenda de este Cordero, que pone su vida en rescate por la multitud. La salvación del mundo, de todos los hombres, alcanza su culmen dramático en la pasión redentora de Jesús, que ofreciendo su vida humana en la cruz, nos alcanza vida eterna de hijos a todos nosotros. Pero Jesús ya comienza su vida con esta conciencia. Se pone en la fila de los pecadores para participar de su suerte, como inocente, y para hacerles partícipes de su condición de Hijo, dándoles su Espíritu Santo.

La curación del pecado lleva consigo sangre, dolor, muerte, para deshacer lo mal hecho y para restaurar lo que ha quedado roto. La muerte y todo lo que le rodea ha sido asumido por el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. De esta manera, lo que era nuestra ruina se ha convertido en nuestro remedio medicinal, gracias a este Cordero de Dios envuelto en Espíritu Santo.

Ya los primeros pasos de Jesús en su vida pública señalan el programa: ha venido a buscar a los pecadores, y por ellos dará la vida en la cruz. Este es el Cordero que Dios nos da, es el Cordero que por su sacrificio nos restablece la unión con Dios, es el Cordero que paga con su sangre todos nuestros delitos, es el Cordero que comemos en la comunión y nos hace hermanos. “Yo lo he visto”, nos dice el apóstol Juan. La experiencia directa de este encuentro es el mejor aval para dar testimonio, y en esto consiste la evangelización.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández,

Obispo de Córdoba

Fuente:: Mons. Demetrio Fernández

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