Mons. Amadeo RodríguezMons. Amadeo Rodríguez      No sé si se me amontonan más las ideas o los sentimientos. Ojalá fueran las dos cosas, porque así podría mejor hilar lo que quiero compartir con vosotros al comenzar el tiempo de adviento. Por cierto, aunque me pueda desviar por otros derroteros, no quiero dejar de deciros que mi intención no es otra que invitaros a que os situéis ante “EL QUE VIENE”, el Hijo de Dios Niño y a la vez Resucitado. No obstante, no entraré en muchos detalles, porque estoy convencido de que eso lo van a hacer vuestros párrocos y lo vais a reflexionar en comunidad en cada una de vuestras parroquias.

Yo voy a intentar ayudaros a actualizar el adviento en el hoy de nuestra fe y de nuestra vida cristiana y siempre mirando a nuestra responsabilidad en el mundo. Si puedo, lo voy a hacer con el Papa Francisco, que acaba de darnos unas pistas preciosas con las que aproximarnos a este misterio de espera y esperanza. Francisco lo hace, como es propio de él, con sencillez, audacia y esencialidad evangélica, no exenta de una sorprendente lucidez y también de una gran carga de belleza. Y lo hace, sobre todo, con cercanía. Es así como lo ve la gente sencilla del pueblo cristiano. Como me decía hace unos días la señora Petra en un pueblo de El Valle del Jerte; “El Papa Francisco es “mu acercao”. Hermosa y certera percepción, ¿verdad? Percepción, en efecto, que se hace evidente en la Exhortación Apostólica La Alegría de la fe.El Papa tiene la virtud de hacernos entender que el verdaderamente “acercao” es el mismo Dios, en su Hijo Jesucristo.

Esa cercanía se refleja en todos los misterios de su vida, pero se hace patente de un modo especial en el tiempo que va desde su Encarnación a su Nacimiento, o lo que es lo mismo, el tiempo que pasó en las entrañas purísimas de María. Nunca el Hijo de Dios estuvo más cerca de nosotros que en la gestación del corazón y del vientre de María. Y lo mejor de todo es que esta memoria de la encarnación de Cristo en la historia, sucedida en un tiempo ya muy alejado del nuestro, sigue siendo una historia que se renueva por el misterio de una vida que terminó siendo vida para el mundo, vida nuestra, vida de cada uno de nosotros.

La encarnación, que ahora conocemos y celebramos como redentora, se gesta en nuestras vidas por la escucha de la Palabra, por la celebración que actualiza en el altar el amor redentor de Cristo y, por supuesto, por el amor que pone en nuestros corazones, para que por él, con él y en él amemos a nuestros hermanos más débiles, pobres y humildes. El corazón y el vientre de su Madre María es ahora el corazón de cada uno de nosotros. De un modo especial la cercanía de ese Dios “mu acercao” la podemos sentir si seguimos las huellas de la Palabra de Dios que nos va a llevar por los caminos del adviento, esos en los que preparamos los caminos del Señor, nos abrimos a su llegada y le esperamos con gracia, paz y alegría. Con el amor que él trae en su venida y la pasión que nosotros pongamos en esperarlo se puede producir un encuentro que haga maravillas en nuestra vida.

En efecto, seríamos muy poco concretos si no viéramos el adviento como un gran reto personal, y también pastoral; es decir si el adviento no provoca nuestra conversión y si no proyecta nuestro futuro. El adviento es para que se produzca navidad, para que nazca Jesucristo en nosotros y en el mundo. De ahí que sería muy conveniente que durante este tiempo de gracia diéramos cada uno de nosotros y nuestras comunidades cristianas los pasos necesarios para que esto suceda. Son pasos, eso sí, que tienen su primer impulso en el amor de Dios, que le pone ritmo divino a nuestros tránsitos humanos, y por eso siempre nos han de llevar a servir a nuestros hermanos.

El Papa Francisco nos acaba de dar las pautas de este caminar en un adviento que se ha de convertir en navidad. Nos dice que el camino se hace con Jesús que nos “primerea”, para llevarnos al encuentro de aquellos a los que él quiere llegar el primero, los excluidos de la tierra; se hace con Jesús que nos “involucra”, para que pongamos gestos concretos de vida, dignidad y justicia en su carne sufriente en los pobres de alma y de cuerpo; se hace con Jesús que nos “acompaña” en nuestro proceso de conversión, para que sepamos esperar y comprender con misericordia y cercanía el camino de cuantos le buscan y quieren volver a él; se hace con Jesús que nos hace “fructificar” como sarmientos unidos a él, que es la vid, con frutos que siempre consistirán en dar la vida en favor de los demás; se hace con Jesús que nos enseña a “festejar” cada paso adelante en el crecimiento de nuestra fe, para ser testigos ante los demás de la alegría desbordante del Evangelio.

Este hermoso proyecto de vida se consolida en la espera del adviento, que no es un paréntesis sino una forma de vivir siempre abiertos al futuro. En realidad un discernimiento responsable en el adviento forja y enriquece el futuro, como hemos dicho: hace de la vida navidad.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia

Fuente:: Mons. Amadeo Rodríguez

Leer mas http://www.agenciasic.com/2013/12/06/adviento-o-como-dios-se-muestra-mu-acercao/

Mons. Carlos OsoroMons. Carlos Osoro     Al acercarse la solemnidad de la Inmaculada Concepción, he pensado en lo que ha significado la Virgen María en nuestro tiempo. Lo que hemos vivido en el siglo XX y lo que va del siglo XXI ha provocado ausencias en lo que se refiere a manifestaciones y presencias de la mariología –hasta ausencias artísticas–, pero también es verdad que Ella ha seguido estando presente en el dinamismo de la vida social. ¡Cuántos han tendido una relación con Dios porque han mantenido su relación con la Virgen María! La Santísima Virgen María ha sido y sigue siendo un poderoso dique para unos hombres que construimos la vida desde valores opuestos a los que Ella vivió. Lo suyo no fue el poder, el dinero o la racionalidad. Lo suyo fue la escucha, la decisión y la acción. Escucha siempre a Dios, está atenta a todas sus manifestaciones, a los signos que realiza en su vida, a la dirección que la Palabra de Dios marca. Ella escucha con una tremenda atención. No vive de superficialidades. Por otra parte, su decisión es inmediata, pero no improvisada, como nos dice el Evangelio: “meditaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2, 19); no hace las cosas aprisa –recordemos cuando Ella pregunta al Ángel “¿Cómo será eso?” (Lc 1, 34)–; pero siempre decide, y decide lo fundamental, que es lo que Dios le propone: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38). Y, por último, también la acción, pues cuando tiene claro que Dios se lo pide, no vuelve la vista, hace lo que le pide, no se detiene, no se demora, “fue deprisa” (cf. Lc 1, 39).

En este momento de la historia, es muy importante para el cristiano descubrir a María como mujer de escucha, de decisión y de acción. ¿Por qué? Ante tantas palabras que llegan a nuestra vida, imitemos a María para que sepamos distinguir la que viene de Dios y escucharla, y también para saber escuchar a cada persona con la que nos encontremos. Hemos de decidirnos, con firmeza, a obedecer a la Palabra de Dios sin vacilar, con valentía y audacia, sin dejar que nuestra vida sea arrastrada por otros que deciden por nosotros. Imitemos a María. Por otra parte, nuestra acción siempre debe ir en dirección a los demás. Fue a los demás a los que María llevó la luz que es el mismo Jesucristo. Imitemos su acción. Es todo un programa para contemplar en la Virgen María y para realizar en este tiempo de Adviento en el que la Iglesia nos la propone como una figura singular. Pidamos a la Virgen María que nos regale su manera de ser, discípula misionera y maestra que enseña lo que vive. Ella se nos presenta como educadora para la comunión eclesial, para vivir en la lógica de la fe como verdadera ciudadana del mundo que se olvida de sí para llenarse de Dios.

La Inmaculada Concepción es símbolo de quien desea ser enteramente para Dios y alcanzar “la belleza más grande” que solamente la puede dar Él. Es símbolo también de la vida, es Madre de Dios, es Madre de la Vida. Ella, dando rostro a Dios y siendo su vientre el primer sagrario que contuvo a Dios mismo, se convierte en la expresión más grande que un ser humano puede dar del amor, de la libertad y de la justicia. Es símbolo de la expresión más grande de la disponibilidad. Toda para Dios y porque Dios le pide que le preste toda la vida. Es la mujer que se convierte en la respuesta más significativa de lo que son las exigencias del mundo de hoy. Ella, nada más ni nada menos que la que se presta a ser un cauce para comenzar la cultura del encuentro. Esa cultura que tiene el origen en un Dios que se hace Hombre, se hace uno de tantos y entra en contacto con esta humanidad tomando rostro humano en el vientre de esta mujer que es María. Ella acoge, nos enseña a recuperar el valor que tiene la acogida de un Dios que nos hace hijos de Dios y hermanos entre todos nosotros. Un Dios que no llega para hacer una competición para ver quién es el que más puede, o una invasión, sino un encuentro. Nadie acogió a Dios como Ella, acoge al Dios que viene, al enteramente otro y, así, se comprende a sí misma y se convierte en maestra para comprender el plan de Dios.

¿Por qué tiene hoy especial importancia la figura de la Santísima Virgen María? En esta cultura del enfrentamiento, de la confrontación, de lo que el Papa Francisco llama “cultura del descarte”, la figura de María nos da firmeza en lo esencial, da estabilidad, da identidad personal y social. Ella da testimonio de la presencia de Dios en la historia y es protagonista singular de esa presencia. Se convierte en un símbolo que mantiene firmes a los hombres en los cambios de época, y hoy estamos viviendo un cambio de época sustantivo. Precisamente, el Magníficat es ese icono de la misericordia, de la compasión divina y paradigma de la acogida y del encuentro con el otro: “Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación” (Lc 1, 48-50). ¡Qué expresión tan bella y qué calado tiene en la vida de los hombres!: “Su misericordia alcanza de generación en generación”. Y alcanza su máxima belleza en este momento de la historia en que toda la humanidad, de formas diferentes, está dando un grito que demanda misericordia.

La Virgen María es carta de la misericordia de Dios para los hombres. Es carta que esperamos siempre. Por ello es tan venerada la Virgen, por ello adquieren fuerza de profecía aquellas palabras del Beato Juan XXIII en el discurso de apertura del Concilio, que pronunció el 11 de octubre de 1962: “la doctrina de la Iglesia es conocida y está ya fijada… La Iglesia ha resistido los errores de todas las épocas… A menudo también los ha condenado, en ocasiones con gran severidad… Hoy en cambio la esposa de Jesucristo prefiere emplear la medicina de la misericordia antes que el arma de la severidad”. Con ello, caracterizaba un nuevo estilo pastoral. Después, el Beato Juan Pablo II desarrolló y profundizó lo sugerido por el Beato Juan XXIII con el testimonio de su propia vida, que hizo del tema de la misericordia el hilo conductor de su pontificado. Ya en 1980, con su encíclica “Dives in misericordia”, nos hablaba de la fuerza de la misericordia y de la compasión ante un ser humano profundamente amenazado. Quizá, por eso, quiso llamar al segundo Domingo de Pascua, Domingo de la Divina Misericordia. ¡Qué fuerza tiene sus palabras en su libro “Memoria e identidad”!: “El límite impuesto al mal es en último término, la misericordia divina”. Benedicto XVI incide en lo mismo y en la encíclica social “Caritas in veritate” no parte ya de la justicia, sino del amor como principio fundamental de la doctrina social de la Iglesia. La misericordia es una provocación ante el desaliento, la desesperanza y la desorientación. Hacer ver lo que es la misericordia de Dios es el gran mensaje de confianza y de esperanza que hemos de regalar a los hombres.

La fiesta de la Inmaculada Concepción nos recuerda a todos, de parte de Dios:

1) que la adhesión a Dios es lo primero para el hombre, es el centro de la vida, Él es nuestra fuerza;
2) que la actuación de Dios en la vida del hombre nos sorprende siempre, hay que escucharlo;
3) que con Dios y con su gracia se elimina el poderío del pecado;
4) Si dejamos actuar a Dios, cambia nuestro corazón y lo hace nuevo;
5) Lo más revolucionario es que Cristo habite en nosotros;
6) Dios nos pide fidelidad, acogerlo es nuestro sí a Dios y a los hombres;
y 7) La belleza de Dios se esconde tras de todo.

Con gran afecto os bendice

+ Carlos Osoro,

Arzobispo de Valencia

Fuente:: Mons. Carlos Osoro

Leer mas http://www.agenciasic.com/2013/12/06/santa-maria-un-dique-contra-un-sistema-construido-sin-dios/

Mons. Carlos OsoroMons. Carlos Osoro     Al acercarse la solemnidad de la Inmaculada Concepción, he pensado en lo que ha significado la Virgen María en nuestro tiempo. Lo que hemos vivido en el siglo XX y lo que va del siglo XXI ha provocado ausencias en lo que se refiere a manifestaciones y presencias de la mariología –hasta ausencias artísticas–, pero también es verdad que Ella ha seguido estando presente en el dinamismo de la vida social. ¡Cuántos han tendido una relación con Dios porque han mantenido su relación con la Virgen María! La Santísima Virgen María ha sido y sigue siendo un poderoso dique para unos hombres que construimos la vida desde valores opuestos a los que Ella vivió. Lo suyo no fue el poder, el dinero o la racionalidad. Lo suyo fue la escucha, la decisión y la acción. Escucha siempre a Dios, está atenta a todas sus manifestaciones, a los signos que realiza en su vida, a la dirección que la Palabra de Dios marca. Ella escucha con una tremenda atención. No vive de superficialidades. Por otra parte, su decisión es inmediata, pero no improvisada, como nos dice el Evangelio: “meditaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2, 19); no hace las cosas aprisa –recordemos cuando Ella pregunta al Ángel “¿Cómo será eso?” (Lc 1, 34)–; pero siempre decide, y decide lo fundamental, que es lo que Dios le propone: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38). Y, por último, también la acción, pues cuando tiene claro que Dios se lo pide, no vuelve la vista, hace lo que le pide, no se detiene, no se demora, “fue deprisa” (cf. Lc 1, 39).

En este momento de la historia, es muy importante para el cristiano descubrir a María como mujer de escucha, de decisión y de acción. ¿Por qué? Ante tantas palabras que llegan a nuestra vida, imitemos a María para que sepamos distinguir la que viene de Dios y escucharla, y también para saber escuchar a cada persona con la que nos encontremos. Hemos de decidirnos, con firmeza, a obedecer a la Palabra de Dios sin vacilar, con valentía y audacia, sin dejar que nuestra vida sea arrastrada por otros que deciden por nosotros. Imitemos a María. Por otra parte, nuestra acción siempre debe ir en dirección a los demás. Fue a los demás a los que María llevó la luz que es el mismo Jesucristo. Imitemos su acción. Es todo un programa para contemplar en la Virgen María y para realizar en este tiempo de Adviento en el que la Iglesia nos la propone como una figura singular. Pidamos a la Virgen María que nos regale su manera de ser, discípula misionera y maestra que enseña lo que vive. Ella se nos presenta como educadora para la comunión eclesial, para vivir en la lógica de la fe como verdadera ciudadana del mundo que se olvida de sí para llenarse de Dios.

La Inmaculada Concepción es símbolo de quien desea ser enteramente para Dios y alcanzar “la belleza más grande” que solamente la puede dar Él. Es símbolo también de la vida, es Madre de Dios, es Madre de la Vida. Ella, dando rostro a Dios y siendo su vientre el primer sagrario que contuvo a Dios mismo, se convierte en la expresión más grande que un ser humano puede dar del amor, de la libertad y de la justicia. Es símbolo de la expresión más grande de la disponibilidad. Toda para Dios y porque Dios le pide que le preste toda la vida. Es la mujer que se convierte en la respuesta más significativa de lo que son las exigencias del mundo de hoy. Ella, nada más ni nada menos que la que se presta a ser un cauce para comenzar la cultura del encuentro. Esa cultura que tiene el origen en un Dios que se hace Hombre, se hace uno de tantos y entra en contacto con esta humanidad tomando rostro humano en el vientre de esta mujer que es María. Ella acoge, nos enseña a recuperar el valor que tiene la acogida de un Dios que nos hace hijos de Dios y hermanos entre todos nosotros. Un Dios que no llega para hacer una competición para ver quién es el que más puede, o una invasión, sino un encuentro. Nadie acogió a Dios como Ella, acoge al Dios que viene, al enteramente otro y, así, se comprende a sí misma y se convierte en maestra para comprender el plan de Dios.

¿Por qué tiene hoy especial importancia la figura de la Santísima Virgen María? En esta cultura del enfrentamiento, de la confrontación, de lo que el Papa Francisco llama “cultura del descarte”, la figura de María nos da firmeza en lo esencial, da estabilidad, da identidad personal y social. Ella da testimonio de la presencia de Dios en la historia y es protagonista singular de esa presencia. Se convierte en un símbolo que mantiene firmes a los hombres en los cambios de época, y hoy estamos viviendo un cambio de época sustantivo. Precisamente, el Magníficat es ese icono de la misericordia, de la compasión divina y paradigma de la acogida y del encuentro con el otro: “Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación” (Lc 1, 48-50). ¡Qué expresión tan bella y qué calado tiene en la vida de los hombres!: “Su misericordia alcanza de generación en generación”. Y alcanza su máxima belleza en este momento de la historia en que toda la humanidad, de formas diferentes, está dando un grito que demanda misericordia.

La Virgen María es carta de la misericordia de Dios para los hombres. Es carta que esperamos siempre. Por ello es tan venerada la Virgen, por ello adquieren fuerza de profecía aquellas palabras del Beato Juan XXIII en el discurso de apertura del Concilio, que pronunció el 11 de octubre de 1962: “la doctrina de la Iglesia es conocida y está ya fijada… La Iglesia ha resistido los errores de todas las épocas… A menudo también los ha condenado, en ocasiones con gran severidad… Hoy en cambio la esposa de Jesucristo prefiere emplear la medicina de la misericordia antes que el arma de la severidad”. Con ello, caracterizaba un nuevo estilo pastoral. Después, el Beato Juan Pablo II desarrolló y profundizó lo sugerido por el Beato Juan XXIII con el testimonio de su propia vida, que hizo del tema de la misericordia el hilo conductor de su pontificado. Ya en 1980, con su encíclica “Dives in misericordia”, nos hablaba de la fuerza de la misericordia y de la compasión ante un ser humano profundamente amenazado. Quizá, por eso, quiso llamar al segundo Domingo de Pascua, Domingo de la Divina Misericordia. ¡Qué fuerza tiene sus palabras en su libro “Memoria e identidad”!: “El límite impuesto al mal es en último término, la misericordia divina”. Benedicto XVI incide en lo mismo y en la encíclica social “Caritas in veritate” no parte ya de la justicia, sino del amor como principio fundamental de la doctrina social de la Iglesia. La misericordia es una provocación ante el desaliento, la desesperanza y la desorientación. Hacer ver lo que es la misericordia de Dios es el gran mensaje de confianza y de esperanza que hemos de regalar a los hombres.

La fiesta de la Inmaculada Concepción nos recuerda a todos, de parte de Dios:

1) que la adhesión a Dios es lo primero para el hombre, es el centro de la vida, Él es nuestra fuerza;
2) que la actuación de Dios en la vida del hombre nos sorprende siempre, hay que escucharlo;
3) que con Dios y con su gracia se elimina el poderío del pecado;
4) Si dejamos actuar a Dios, cambia nuestro corazón y lo hace nuevo;
5) Lo más revolucionario es que Cristo habite en nosotros;
6) Dios nos pide fidelidad, acogerlo es nuestro sí a Dios y a los hombres;
y 7) La belleza de Dios se esconde tras de todo.

Con gran afecto os bendice

+ Carlos Osoro,

Arzobispo de Valencia

Fuente:: Mons. Carlos Osoro

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Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano     En la ceremonia de clausura del Año de la Fe, el Papa Francisco entregó, al finalizar la misma, la exhortación Apostólica Postsinodal “Evagelii Gaudium” (EvG) a un número representativo de fieles que la recogieron en el nombre de todos los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y fieles laicos a quienes va dirigida. La “Evangelii Gaudium”, como el propio Papa recuerda (cfr. EvG 16), surge del encargo hecho por los padres sinodales del último sínodo de los obispos celebrado en Roma, en Octubre de 2012, sobre “La nueva evangelización para la trasmisión de la fe cristiana” y está destinada a reflexionar e iluminar el anuncio del evangelio en el mundo actual: “en esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años”. (EvG 1)

El mismo Papa Francisco expresará el alcance de la Nueva Evangelización a la que se nos convoca y nos ayuda mucho a situarnos ante ella, definiendo los campos en los que se mueven los distintos destinatarios de nuestro mensaje: “En primer lugar, mencionemos el ámbito de la pastoral ordinaria, « animada por el fuego del Espíritu, para encender los corazones de los fie­les que regularmente frecuentan la comunidad y que se reúnen en el día del Señor para nutrirse de su Palabra y del Pan de vida eterna ».También se incluyen en este ámbito los fieles que conser­van una fe católica intensa y sincera, expresán­dola de diversas maneras, aunque no participen frecuentemente del culto. Esta pastoral se orienta al crecimiento de los creyentes, de manera que respondan cada vez mejor y con toda su vida al amor de Dios.

En segundo lugar, recordemos el ámbito de « las personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo», no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe. La Iglesia, como madre siempre atenta, se empeña para que vivan una conversión que les devuelva la alegría de la fe y el deseo de compro­meterse con el Evangelio.

Finalmente, remarquemos que la evange­lización está esencialmente conectada con la proclamación del Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado. Muchos de ellos buscan a Dios secretamente, movidos por la nostalgia de su rostro, aun en países de antigua tradición cristiana. Todos tienen el derecho de re­cibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo sino « por atracción »”.

El marco que describe el Papa Francisco, se corresponde con el trabajo que tenemos delante en nuestra tarea evangelizadora en la diócesis de Teruel y Albarracín. Entre nosotros se dan también estas tres categorías o espacios de acción a los que debemos responder como Iglesia diocesana. Para afrontar este apasionante reto, el Papa propone algunas líneas de trabajo y reflexión para animar a toda la Iglesia, también a nuestra diócesis, a afrontar esta nueva etapa evangelizadora, llena de fervor y dinamismo (cfr. EvG 17). Esas líneas de reflexión que se desarrollan en la Exhortación “ayudan a perfilar un deter­minado estilo evangelizador que invito a asumir en cualquier actividad que se realice”. (EvG 18).

Os animo, en este tiempo de Adviento y de la mano de María, estrella de la nueva evangelización (Cfr. EvG 287), a que leamos, reflexionemos y trabajemos este importante documento que el Papa nos entrega, para animar la evangelización en la Iglesia con un nuevo estilo evangelizador que nos invita a una profunda conversión pastoral. Es tiempo de acoger con alegría y esperanza esta llamada de la Iglesia, para poder desarrollarla en los próximos meses y años con solicitud, constancia, audacia y humildad.

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Fuente:: Mons. Carlos Escribano Subías

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Ciudad de México (Viernes, 06-12-2013, Gaudium Press) El próximo lunes 9 de diciembre cientos de fieles mexicanos se darán cita en la Antigua Capilla de Indios, en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, para conmemorar la solemnidad de San Juan Diego de Cuauhtlatoatzin, así como el aniversario número 11 de su canonización.

San Juan Diego.jpg

Para honrar el hijo predilecto de la ‘Morenita del Tepeyac’, se tiene previsto una magna celebración que ocurrirá en la explanada de la Antigua Capilla, donde se halla la ermita donde fue sepultado el indio Juan Diego. En el lugar se realizará una solemne Eucaristía que presidirá a las 12:00 horas el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo y Primado de México, quien estará acompañado por Mons. Florencio Armando Colín Cruz, Obispo Auxiliar, además del canónigo Raymundo Maya Paz, quien es párroco de la Parroquia Santa María de Guadalupe.

Con motivo de la solemnidad los fieles que peregrinen a la ermita del santo indígena podrán recibir la indulgencia parcial y plenaria que en el año 2011 otorgó el Cardenal Rivera.

Los festejos en homenaje a San Juan Diego comenzaron el pasado 25 de noviembre con la celebración de la Santa Misa en las calles vecinas y con la procesión de los floristas quienes este 6 de diciembre rindieron tributo al santo con una ofrenda floral.

San Juan Diego fue canonizado por el Papa Juan Pablo II el 31 de julio de 2002, quien en la ocasión oró al santo mexicano: «¡Dichoso Juan Diego, hombre fiel y verdadero! (…) Mira propicio el dolor de los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, de cuantos padecen pobreza, soledad, marginación o ignorancia. Que todos, gobernantes y súbditos, actúen siempre según las exigencias de la justicia y el respeto de la dignidad de cada hombre, para que así se consolide la paz».

Con información de SIAME.

 

Fuente:: Gaudium Press

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Washington (Viernes, 06-12-2013, Gaudium Press) Alrededor de 500 millones de cristianos viven en países donde pueden sufrir persecución, es decir 1 de cada 5 de ellos: es lo que afirma Todd Johnson, del Centro para el estudio del Cristianismo Global del Seminario Teológico de Gordon-Conwell.

Para Johnson, esto ocurre porque «el Cristianismo está creciendo en los lugares donde las personas son perseguidas». Johnson será uno de los expertos que participará de la próxima Conferencia «Cristianismo y Libertad: Perspectivas Históricas y Contemporáneas», que se desarrollará el 13 y 14 de diciembre en la Pontificia Universidad Urbaniana en Roma, y que busca realizar una exposición científica del panorama de las persecuciones a los cristianos en todo el mundo, «más allá de los titulares mediáticos».

«La persecución en el S. XXI es tanto de origen estatal cuanto civil», afirma Johnson. «Los perseguidores hoy representan una amplia variedad de ideologías: comunistas, agentes estatales de seguridad, religiosos nacionalistas y mayorías musulmanes». El estudioso afirma que los musulmanes en donde son mayoría, solo representa el 25% de la opresión.

La situación en China

Como es ya sabido, el cristianismo crece rápidamente en la China, a pesar de las fuertes restricciones estatales. Según Fengang Yang de la Purdue University, China se convertiría en el país de mayor población cristiana en un punto entre el 2025 y el 2032. En este momento el cristianismo ya ultrapasó el «límite crítico» del 5 al 10 % de la población. Según Fengang, el cristianismo se ha mostrado mucho recientemente, en sus esfuerzos por aliviar las penalidades consecuencia de los terremotos, como por ejemplo el del 2008 en la provincia de Sechuan.

Con información de National Catholic Register

 

Fuente:: Gaudium Press

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Banco Arquidiocesano de Alimentos de Bogotá realiza campaña navideña contra el hambre

 

 

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Banco Arquidiocesano de Alimentos de Bogotá realiza campaña navideña contra el hambre

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Banco Arquidiocesano de Alimentos de Bogotá realiza campaña navideña contra el hambre

 

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Para Todd Johnson, del Centro para el estudio del Cristianismo Global del Seminario Teológico de Go …

 

El próximo lunes 9 de diciembre cientos de fieles se darán cita en la Antigua Capilla de Indios, …

 

La Inmaculada Concepción de María Virgen –singular privilegio concedido por Dios, desde toda la …

 

La reliquia, que sólo se muestra en ocasiones extraordinarias, se expondrá por 45 días entre la s …

 

El Santuario de Fátima, en Portugal, abrió la exposición evocativa «Secreto y Revelación», para …

 

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Banco Arquidiocesano de Alimentos de Bogotá realiza campaña navideña contra el hambre

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Banco Arquidiocesano de Alimentos de Bogotá realiza campaña navideña contra el hambre
 

 

Fuente:: Gaudium Press

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Aquel buen hombre construyó una catedral. Pero la Doctora de la Pequeña Vía llevó a cabo una obra incomparablemente más grandiosa.

Redacción (Viernes, 06-12-2-13, Gaudium Press)

¡Pam! ¡Pam! ¡Pam! – ¡El martillo! – pide alguien.
– ¡Cuidado con las piedras! – avisa otro.
Estamos en medio de una gran construcción. A las tantas, alguien resuelve inquirir a los obreros respecto al trabajo que realizan.
– ¿Qué haces?
– Como ves, estoy rompiendo piedras – responde el primero.
La misma pregunta es hecha a otro, que dice:
– Trabajo arduamente, levantando estas sólidas paredes de piedra, para ganar el sustento de mi familia.
Por último, la indagación es dirigida a un tercer trabajador:
– Y tú, ¿qué haces?
– ¡Para gloria del buen Dios y salvación de las almas, estoy construyendo una catedral!

A los ojos de los hombres esos tres obreros realizaban el mismo trabajo, pero los dos primeros tenían los ojos del alma dirigidos al piso, mientras el espíritu del tercero apuntaba al Cielo, como lo harían en breve las piedras que labraba con esmero para finalizar los puntos más altos de la catedral.

Santa Teresita.jpg
Santa Teresita del Niño Jesús a los 22 años.

Con efecto, pareciendo desafiar la ley de la gravedad, los tan característicos pináculos de la arquitectura gótica nos dan la impresión de querer perforar el firmamento, asemejándose al alma que, estando todavía en la Tierra, vive en las cavilaciones del Cielo. Simbolizan esas agujas de piedra la oración de la Iglesia al Espíritu Santo: «¡Ut mentes nostras ad cælestia desideria erigas! – ¡De ahí en nuestras mentes el deseo de las cosas de lo alto!».

Ahora, almas hay que intentan vivir todo el tiempo buscando auges, como que «en la punta de los pies», proponiéndose metas osadas para las cuales apenas el Cielo es el límite.

Un ejemplo de esas almas pinaculares fue Santa Teresita del Niño Jesús. Habiendo ella abandonado todo para encerrarse en la clausura del Carmelo, se sentía todavía insatisfecha. «Siento en mí la vocación de guerrero, de sacerdote, de Apóstol, de doctor y de mártir» – clamaba esa alma inocente. «Siento la necesidad, el deseo de realizar por Ti, Jesús, todas las obras, las más heroicas… […] ¡Oh Jesús! ¡Mi amor, mi vida!… ¿Cómo conciliar estos contrastes? ¿Cómo realizar los deseos de mi pobre almita?…».

La Doctora de la Pequeña Vía comprendió que no era imposible alcanzar este auge. Bastaba un elemento: el amor. Su vida, que en las exterioridades nada parecía tener de extraordinario, se transformó en modelo para el mundo. Supo ella colocar en los mínimos actos de su existencia el impulso que inspiraba nuestro tercer trabajador, el cual sabía que cada martillada, cada pared levantada era, en verdad, un acto de amor a Dios. Y si aquel buen hombre colaboró para construir una catedral, Santa Teresita llevó a cabo una obra incomparablemente más grandiosa, la cual sobrepasó la elevación de las agujas de todas las catedrales de la Tierra.

Por: Fahima Spielmann

 

Fuente:: Gaudium Press

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Iglesia celebra preservación de acuerdos con España en materia tributaria ante una ley que imponía impuestos sobre los bienes

Madrid (Viernes, 06-12-2013, Gaudium Press) Una ley que imponía el pago del Impuesto sobre Bienes Inmuebles a la Iglesia Católica y a otras confesiones religiosas en Navarra, España, fue rechazada el pasado 05 de diciembre por el Tribunal Constitucional de ese país, por considerar que «incumple los compromisos del Estado con la Iglesia Católica», además de acuerdos con otras religiones. La decisión unánime del órgano judicial fue celebrada por la Iglesia, ya que el impuesto imponía cargas sobre las actividades pastorales y caritativas esenciales para la práctica de la fe.

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Mons. Francisco Javier Martínez, Arzobispo de Granada, España, había rechazado la ley foral por considerarla discriminatoria. Foto: Arquidiócesis de Granada. 

El Vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Fernando Giménez Barriocanal, señaló que la decisión es «una muy buena noticia» y aclaró que la preservación de los acuerdos en materia tributaria «no establece ningún privilegio para la Iglesia ni ningún sistema nuevo en relación con el IBI». La ley rechazada excluía del impuesto los lugares de culto, pero imponía el tributo en las demás edificaciones y terrenos, aunque éstos se usaran en beneficio de las comunidades más pobres (como es el caso de comedores, escuelas y centros de asistencia) o en trabajos esenciales para la actividad pastoral sin ánimo de lucro.

Por representar un obstáculo a las actividades que están esencialmente ligadas a la práctica de la fe y que significan un bien notable para la sociedad, Giménez Barriocanal señaló que la medida fue tomada «de una manera claramente discriminatoria». El Arzobispo de Granada, Mons. Francisco Javier Martínez, ya había manifestado su inconformidad frente al hecho ya que la exención del impuesto no era exclusiva de la Iglesia, sino compartida por «un montón de entidades deportivas, culturales y de todo tipo», a quienes no se les retiró el beneficio. El prelado rechazó también la forma como se había presentado la información al público a este respecto. «Hablar de los privilegios, creo que tiene una motivación exclusivamente política en estos momentos», afirmó a Europa Press.

La argumentación legal presentada en favor de la Iglesia demostró que la nueva ley desconocía los compromisos estatales de España. «La Iglesia veía que esa ley foral no sólo disminuía el régimen fiscal, sino que afectaba a la naturaleza de los acuerdos Iglesia-Estado, no sólo al tratado internacional de la Iglesia sino a los acuerdos de colaboración suscritos con otras confesiones religiosas» explicó Barriocanal. «En esa línea se instó al Gobierno para que presentara un recurso de inconstitucionalidad».

Con información de Agencia Zenit y Europa Press.

 

Fuente:: Gaudium Press

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Fuente:: Gaudium Press

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