Nuestros profesores de ReligiónMons. Ángel Rubio     Los profesores de Religión son trabajadores de la enseñanza, cuyos derechos laborales deben ser plenamente reconocidos y tutelados. Los obispos somos los primeros interesados en ello, pues de ese modo se hace justicia a su labor y se dignifica su misión, que es misión de Iglesia. Pero, al mismo tiempo, los profesores de Religión católica ejercen una misión específica —la de formar a los alumnos en la doctrina y la Moral católica— que exige una capacitación académica especial e identificación con la doctrina que enseñan. A quienes libremente solicitan tal enseñanza hay que garantizarles que sea impartida por profesores idóneos para ello. Es la autoridad de la Iglesia quien puede ofrecer tal garantía. No son los poderes públicos, ni las organizaciones sindicales, ni ninguna otra instancia quienes están en condiciones de garantizar la idoneidad del profesorado para impartir la Religión y la Moral católica, es decir, la “misión canónica”. Esto es lo justo y lo propio de un Estado de derecho que tutela de modo positivo la libertad religiosa.

Los profesores de Religión, en general, saben perfectamente que los Obispos estamos con ellos; así lo hemos dicho y reiterado una y otra vez, particularmente en la Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española de febrero pasado. Personalmente valoro altamente la ejemplaridad que muestran tanto en su labor docente como en su integridad de vida y testimonio personal, así como en su afecto y fidelidad eclesial. Sigo el gran esfuerzo que están desplegando en su formación permanente, digna de todo encomio, y en su creciente vinculación entre ellos y con otras tareas eclesiales, su excelente relación y colaboración con la Delegación Diocesana de Enseñanza y su generosidad. Soy consciente de las dificultades con que se encuentran, no sólo en las aulas, sino a veces incluso con gestos de menosprecio u otras actitudes, que prefiero callar, en el mismo centro escolar, las discriminaciones que en ocasiones tienen que soportar.

Sé que tales dificultades no les arredran, ni les echan atrás en su importante labor educativa que tan ejemplarmente vienen desempeñando. Que Dios se lo pague, y que tengan la certeza de que Dios está con ellos, que están cumpliendo con una importante misión que la Iglesia les encomienda, que están desempeñando un servicio a las familias, además de a los chicos, y a la misma sociedad con su colaboración específica a la educación integral de la persona, y con su enseñanza de la «doctrina y la Moral católica de modo académico y con el testimonio de su vida en el contexto del diálogo sistemático entre la fe y la razón».

La atención a los profesores de Religión debería ser una de las prioridades en nuestra diócesis y habremos de buscar el modo y los cauces mejores para ello, sobre todo, en orden a mantener su ánimo elevado, su testimonio valiente del Evangelio en los centros, claro y decidido, su «espiritualidad» como maestros cada día más vigorosa, y su específica cualificación profesional cada día más firmemente asentada.

La clase de Religión no es un privilegio de la Iglesia sino un derecho constitucional. En la reforma educativa de la asignatura de la clase de Religión quedan flecos importantísimos que esperamos sean subsanados. La competencia de determinar el horario —transferida a las Administraciones Autonómicas y a los centros—, podría provocar una discriminación de la enseñanza religiosa. Su tratamiento podría no serlo «en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales», en nuestro caso troncales, como exige el Art. II del Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede sobre Enseñanza y Asuntos Culturales, del 3 de enero de 1979.

En el caso de la asignatura de Religión y Moral católica, el horario lectivo mínimo establecido en los Reales Decretos de Enseñanzas Mínimas que desarrollan la LOE (una hora y treinta minutos a la semana), es incumplido sistemáticamente en la actualidad por los centros. Cabe imaginarse que la situación no mejorará sino que empeorará, si se deja en manos de las Autonomías y, finalmente de los centros, la determinación del horario lectivo de la asignatura de Religión.

 

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Authors: Mons. Ángel Rubio Castro

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¡Es una vergüenza! Mons. Antonio Algora     Es la expresión del Papa que no debemos dejar que se apague entre nosotros ¡Es una vergüenza! Le salió del corazón, de un corazón que sufre con los que sufren y por los que sufren. De la Pastoral Obrera, ya hace muchos años, hemos recibido la tradición de que «debemos estar siempre del lado de los perdedores», de los perdedores de la vida.

El papa Francisco, en el vértigo de sus encuentros con todo lo que se mueve, acudió al encuentro organizado por el Consejo Pontificio «Justicia y Paz» en el L aniversario de la «Pacem ín Terris», la carta que el beato Juan XXIII escribió en plena guerra fría entre Estados Unidos y Rusia. Fue en su discurso donde incluyó la expresión ¡Es una vergüenza! En este párrafo: «La Pacem in terris traza una línea que va desde la paz que hay que construir en el corazón de los hombres a un replanteamiento de nuestro modelo de desarrollo y de acción a todos los niveles, para que nuestro mundo sea un mundo de paz. Me pregunto si estamos dispuestos a acoger su invitación. Hablando de paz, hablando de la inhumana crisis económica mundial, que es un síntoma grave de la falta de respeto por el hombre, no puedo dejar de recordar con gran dolor a las numerosas víctimas del enésimo y trágico naufragio sucedido hoy en el mar de Lampedusa. ¡Me surge la palabra vergüenza! ¡Es una vergüenza! Roguemos juntos a Dios por quien ha perdido la vida: hombres, mujeres, niños, por los familiares y por todos los refugiados. ¡Unamos nuestros esfuerzos para que no se repitan tragedias similares! Sólo una decidida colaboración de todos puede ayudar a prevenirlas».

Casualmente me ha llegado el recuerdo de este texto del sociólogo americano del siglo XVIII Tocqueville, ya hace casi dos siglos. Llama la atención la actualidad de sus palabras. Este autor había identificado en el ansia de lucro la nueva forma, que el despotismo podía asumir en las democracias: «Si intento imaginarme el nuevo aspecto que el despotismo podrá tener en el mundo, veo una muchedumbre innumerable de hombres, atentos sólo a procurarse placeres pequeños y vulgares, con los que satisfacer sus deseos. Cada uno de ellos, manteniéndose aparte, es casi extraño al destino de todos los demás: sus hijos y sus amigos constituyen para él toda la especie humana; en cuanto al resto de sus conciudadanos él está cerca de ellos pero no los ve; los toca pero en modo alguno los siente; vive en sí mismo y para sí mismo y, si le queda todavía una familia se puede decir que ya no tiene patria. Por encima de ellos se alza un poder inmenso y tutelar que solamente se encarga de asegurar sus bienes y de vigilar sobre su suerte».

Necesitamos la gracia de Nuestro Señor Jesucristo para cambiar el norte de nuestras vidas, la orientación que nos ha hecho insensibles al dolor ajeno. ¿Estamos dispuestos a reaccionar ante este estado de cosas que nos lleva a todos a poner nuestra esperanza en que se resuelva la crisis económica para resolver nuestros problemas y volver a lo mismo? La «vergüenza» que el papa Francisco siente nace de un corazón, de una vida que escapa —en su misma expresión— a lo mundano. «…La santidad no consiste ante todo en hacer cosas extraordinarias, sino en dejar actuar a Dios. Es el encuentro de nuestra debilidad con la fuerza de su gracia, es tener confianza en su acción lo que nos permite vivir en la caridad, hacer todo con alegría y humildad, para la gloria de Dios y en el servicio al prójimo. Y a los jóvenes en Asís: “El Evangelio… Este mensaje tiene dos destinos que están unidos —dijo, explicando que es una única misión— el primero, suscitar la fe, y esto es la evangelización; el segundo, transformar el mundo según el plan de Dios, y esto es la animación cristiana de la sociedad». Con retraso ¡Felicidades Santo Padre!

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Authors: Mons. Antonio Algora

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Edificar la comunidad cristiana hoyMons. Lluís Martínez Sistach     El papa Francisco, en la homilía de la misa celebrada con los cardenales electores el 14 de marzo pasado, al día siguiente de su elección, nos resumía en tres puntos -como tiene por costumbre hacer- las exigencias eclesiales de esta hora: caminar, edificar, confesar. Caminar porque nuestra vida es un camino y cuando nos detenemos la cosa no funciona. Edificar, concretamente edificar la Iglesia, comunidad sobre todo de piedras vivas, ungidas por el Espíritu Santo y fundamentadas sobre la ” piedra angular ” que es Jesucristo. Y confesar la única gloria verdadera: la de Jesucristo crucificado y resucitado.

Estas tres necesidades de esta hora -resumidas en los tres verbos citados – indican los objetivos y el marco de la carta pastoral que he dirigido a mis diocesanos para el curso actual. Se titula Vivir la fe y construir la comunidad cristiana. El curso pasado, con motivo de la celebración del Año de la Fe – que se cerrará el próximo 24 de noviembre-, propuse las diversas dimensiones de la fe cristiana en la carta pastoral titulada Hombres y mujeres de fe. En la carta pastoral de este año invito a reflexionar sobre el hecho de vivir la fe en comunidad, en Iglesia o sobre la dimensión eclesial de la fe.

La primera parte de la carta es más teológica. En la segunda y última parte, más práctica y de aplicación pastoral, he buscado proponer a toda la comunidad diocesana algunas actuaciones que me parecen especialmente necesarias ahora en la aplicación de los tres objetivos de nuestro Plan Pastoral diocesano para los años 2011-2015. Recuerdo que estos tres objetivos son: el anuncio de Jesucristo a quienes no lo conocen; la pastoral de la iniciación cristiana; y la solidaridad como expresión de la fe cristiana, solidaridad con las personas y familias que sufren más agudamente las consecuencias de la crisis económica.

La realización práctica de estos tres objetivos presupone un sujeto activo, la comunidad cristiana; es decir, aquel conjunto de personas que confiesan y dan testimonio de Cristo con obras y palabras y lo celebran y lo hacen presente en el mundo mediante la fe y los sacramentos de la fe, especialmente el bautismo y la eucaristía.

Así nació y se difundió la Iglesia en el mundo pagano: en pequeñas comunidades, establecidas desde primera hora precisamente en el mundo urbano; sólo más tarde llegó a los ambientes rurales. Hace tiempo que procuro reflexionar sobre cuáles deben ser los caminos para revitalizar las comunidades cristianas en el mundo de las grandes ciudades. Por eso, edificar comunidades cristianas abiertas y comprometidas debe ser nuestra máxima prioridad. Me gustaría que este escrito pueda contribuir a ello.

A menudo oímos decir a sacerdotes y laicos frases como estas: “No tenemos comunidad “; o bien: “Tengo creencias, pero sin Iglesia”. O también esta otra: ” Es muy difícil encontrar una verdadera comunidad”. ¿Qué podemos hacer para dar alguna respuesta a estas afirmaciones, a menudo explícitas? Ante este reto, he buscado unas orientaciones en la primera encíclica del papa Francisco, titulada Lumen fidei, es decir, La luz de la fe. Nos dice en este documento -especialmente en el capítulo tercero- que la vida de fe se da en un ámbito comunitario y tiene un fundamento comunitario. Creemos -por la gracia de Dios – cada persona, pero la vida de fe se da en un ámbito comunitario y tiene un fundamento comunitario. Por eso, en tiempos de fuerte secularización y de no pocas pruebas para la fe, me parece muy necesario que -como los primeros cristianos- podamos contar con unas comunidades cristianas que lo sean verdaderamente. Estas apoyan nuestra fe personal, frágil y tan sometida a sombras diversas. Lo decimos en cada celebración de la eucaristía: “No mires, Señor, nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia”.

 

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Authors: Mons. Lluís Martínez Sistach

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Cartagena Lorca PlanesMons. José Manuel Lorca     Si bien es verdad que en la semana pasada vimos como se centraba la Palabra en la necesidad de orar, hoy nos ayuda bajando a los detalles, al estilo y a la calidad de la oración. El punto de partida, y que salta a la vista, es lo que destaca la primera lectura, el equilibrio y justicia de Dios, que no hace acepción de personas y que atiende las peticiones de todos, pero que si existe una preferencia es por los más necesitados, los pobres y afligidos, cuyos gritos atraviesan las nubes. Con este planteamiento concluimos que la oración es muy eficaz cuando la hacemos desde la verdad y con humildad, no cuando es utilizada con planteamientos falsos o con intereses personales para sacar provecho, queriendo manejar a Dios.

En el trasfondo del Evangelio existen unas claras advertencias contra la doble vida y sobre los deseos de sobresalir con bellas fachadas, que nos disponen a la vigilancia. Se nos advierte del pecado de los fariseos que presumían de justos, buenos, honrados, pero en realidad ni eran justos, ni buenos, sólo estaban movidos por los hilos de la soberbia, no por la mano de Dios. La prueba de su pecado es que les llevaba a despreciar a los demás. Quien actúa así, acaba mal.

Repasemos detenidamente la parábola que pone el Señor, la del fariseo y el publicano. Los dos acuden a pedir a Dios en oración, pero con dos estilos diferentes. El fariseo va a presentarle sus méritos, sus virtudes, sus grandezas, sus derechos con desprecios hacia los demás, pero no pide nada. El publicano, con la mirada baja, se presenta humilde, porque no se cree digno y le pide misericordia, porque se siente pecador. Ved el juicio de Dios en el acto de la oración: mientras que la oración del fariseo no sirve para nada, la del publicano alcanza la compasión y la misericordia. Sería bueno que sacáramos las consecuencias, que revisemos cuál es la actitud de nuestro corazón, la orientación de nuestra vida.

Que Dios os bendiga.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

 

Authors: Mons. José Manuel Lorca

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Las familias del mundo por las familias de Siria: Campaña humanitaria de la Santa Sede

Ciudad del Vaticano (Sábado, 26-10-2013, Gaudium Press) Un esfuerzo de solidaridad y apoyo por parte de las familias católicas de todo el mundo a las familias que sufren las terribles consecuencias de la guerra en Siria fue emprendido por el Pontificio Consejo para la Familia en colaboración con Cáritas, organizaciones no gubernamentales y órdenes religiosas.

La campaña fue ideada con motivo de la Peregrinación de las Familias a la Tumba de Pedro con el Papa Francisco que se celebra este 26 y 27 de octubre y beneficiará según el Dicasterio a unas 5400 familias durante un año.

Las familias que se unan a la iniciativa aportarán fondos para ofrecer «ayuda humanitaria, alimentos y asistencia médico-sanitaria a los enfermos, niños y ancianos, a través de centros de distribución (en Damasco, Alepo, Homs, Región del litoral, Jazira, Horan) y para el alojamiento temporal de familias desplazadas», anunció el Pontificio Consejo el pasado 24 de octubre.

El primer aporte fue dado por Cáritas Italia, que ofreció 200 mil euros a esta causa, y se fijó una meta de al menos 1.200.000 euros en total. para recolectar este dinero se habilitó un número telefónico en Italia para donar un euro a través de un mensaje de teléfono o dos euros a través de una llamada, una cuenta bancaria para la recepción de donaciones mayores y la posibilidad de donaciones a través de Internet en la página web Caritasitaliana.it.

La presentación oficial de la iniciativa estuvo a cargo de Mons Vincenzo paglia, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, El P. Francesco Soddu, Director de Cáritas Italiana y el Dr. Paolo Beccegato, Responsable del Área internacional de Caritas Italiana.

Con información del Pontificio Consejo para la Familia.

 

Fuente:: Gaudium Press

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El nuevo Secretario de Estado, Mons. Pietro Parolin, se recupera satisfactoriamente tras cirugía

Ciudad del Vaticano (Sábado, 26-10-2013, Gaudium Press) Mons. Pietro Parolin, nuevo Secretario de Estado en la Santa Sede, se recupera satisfactoriamente de la cirugía que le impidió asistir a la toma de posesión de su cargo el pasado 15 de octubre. Según informó el pasado 25 de octubre el director de la Sala de Prensa del Vaticano, P. Federico Lombardi, se esperaba que Mons Parolin fuera dado de alta el día del anuncio, por cuanto ya debe estar guardando un período de reposo adicional para asumir plenamente sus funciones. «Hoy será dado de alta. Todo ha ido bien», manifestó el P. Lombardi.

«El arzobispo permanecerá en la región del Véneto durante un período de reposo y convalecencia, para que pueda asumir plenamente restablecido sus nuevas responsabilidades», afirmó el portavoz en un comunicado difundido a través del Servicio Informativo Vaticano. «Monseñor Parolin – con quien he hablado directamente – ha expresado su gratitud al Papa, sobre todo, por su comprensión, atención y cercanía, y también a todos los que han estado cerca o han rezado por él. Espera poder asumir lo antes posible las nuevas responsabilidades que el Papa le ha confiado».

El equipo médico que atendió al Secretario de Estado en la ciudad de Padua, Italia, ofreció un reporte positivo sobre la salud del prelado, según el informativo Mattino di Padova, citado por Vatican Insider. Mons. Parolin «llegó a Padua después de que, tras los exámenes de diagnóstico se encontraron algunas anomalías», afirmó el medio de comunicación. Según los profesionales se detectó una pequeña lesión «cerca de la vesícula biliar y del páncreas», que ya fue eliminada a través de la cirugía.

El informativo también anunció que Mons. Parolin puede caminar hace ya varios días y recibe visitas, por cuanto se tiene «un optimismo generalizado» por la salud del Secretario de Estado.

Con información de Vatican information Service y Vatican Insider.

 

Fuente:: Gaudium Press

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Los laicos en Estados Unidos celebran a sus sacerdotes el próximo domingo 27 de octubre

Washington (Sábado, 26-10-2013, Gaudium Press) Una llamativa jornada de oración y celebración se desarrollará el próximo 27 de octubre en Estados Unidos: Los laicos celebrarán el «Domingo del Sacerdocio» para destacar la labor de los presbíteros e interceder por su bienestar y el fruto espiritual de su ministerio. «Es un día para reflexionar sobre el sacerdocio y reafirmar el papel central del sacerdote dentro de la vida de la Iglesia», explica la presentación oficial de la iniciativa.

El evento es promovido por la organización laical Consejo Internacional Serra de Estados unidos, y promueve que sean los fieles laicos quienes dirijan las actividades en honor de sus sacerdotes. Los tres componentes sugeridos para la jornada son la oración, el diálogo y la celebración. «Los fieles laicos de todas las parroquias en el país, desarrollan su propia manera de celebrar ese día», proponen los organizadores, «honrando a los sacerdotes de sus parroquias tanto en Misa como en eventos parroquiales, así como celebraciones sociales y actividades escolares».

La organización sugiere que se realice una pequeña introducción antes de la celebración de la Eucaristía dominical para explicar el sentido de la fecha, añadir en lo posible intenciones especiales por los sacerdotes a la Oración de los Fieles y orar por los sacerdotes al final de la Eucaristía. También sugieren realizar una reunión informal de los fieles con sus párrocos y demás sacerdotes de su comunidad para escuchar a los presbíteros y conocer las formas en las que pueden colaborar más estrechamente en su apostolado.

Finalmente, los promotores sugieren diversas formas de celebrar festivamente a los sacerdotes, con una cena de cooperación, un pastel y un café compartidos en comunidad, un aviso en el Boletín Parroquial o el envío información sobre el apostolado de los sacerdotes a la prensa local. La guía de organización del Domingo del Sacerdocio está disponible en español en la página web de la iniciativa.

Con información de Priest Sunday y Agencia Zenit.

 

Fuente:: Gaudium Press

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Confesémonos ante Dios sin miedo, pide el Papa Francisco
(RV).- (Con audio) Confesémonos ante Dios sin miedo, pide el Papa Francisco Tener el coraje ante el confesor de llamar a los pecados con su nombre, sin esconderlos. En su homilía de la Misa celebrada esta mañana en la Casa de Santa Marta, el Papa se centró en el Sacramento de la Reconciliación. Confesarse, dijo, es salir al encuentro del amor de Jesús con corazón sincero y con la transparencia de los niños, sin rechazar, sino acogiendo la “gracia de la vergüenza”, que nos hace percibir el perdón de Dios.
Para muchos creyentes adultos confesarse ante el sacerdote es uno esfuerzo insostenible – que induce con frecuencia a esquivar el Sacramento – o una pena tal que transforma un momento de verdad en un ejercicio de ficción. San Pablo, en su Carta a los Romanos – comentó el Papa – hace exactamente lo contrario: admite públicamente ante la comunidad que en “su carne no habita el bien”. Afirma que es un “esclavo” que no hace el bien que quiere, sino que realiza el mal que no quiere. Francisco observó que esto sucede en la vida de la fe porque “cuando quiero hacer el bien, el mal está junto a mí”:
“Y esta es la lucha de los cristianos. S nuestra lucha de todos los días. Y nosotros no siempre tenemos el coraje de hablar como habla Pablo de esta lucha. Buscamos siempre una vía de justificación: ‘Pero sí, somos todos pecadores’. Lo decimos así, ¿no? Esto lo dice dramáticamente: es nuestra lucha. Y si nosotros no reconocemos esto, jamás podemos tener el perdón de Dios. Porque si ser pecador es una palabra, un modo de decir, una manera de decir, no tenemos necesidad del perdón de Dios. Pero si es una realidad, que nos hace esclavos, tenemos necesidad de esta liberación interior del Señor, de esa fuerza. Pero más importante aquí es que para encontrar el camino de salida, Pablo confiesa a la comunidad su pecado, su tendencia al pecado. No la esconde”.

La confesión de los pecados hecha con humildad es “lo que la Iglesia pide a todos nosotros”, recordó el Papa, y citó también la invitación de Santiago: “Confiesen entre ustedes los pecados”. Pero “no – aclaró Francisco – para hacer publicidad”, sino “para dar gloria a Dios” y reconocer que “es Él quien me salva”. He aquí porqué, añadió el Santo Padre, para confesarse se va al hermano, “el hermano sacerdote”: es para comportarse como Pablo. Y sobre todo, subrayó, con la misma “concreción”:
Algunos dicen: “Ah, yo me confieso con Dios”. Pero es fácil, es como confesarte por e-mail, ¿no? Dios está allá, lejos, yo digo las cosas y no hay un cara a cara, no hay un a cuatro ojos. Pablo confiesa su debilidad a los hermanos cara a cara. Otros: “No, yo voy a confesarme”, pero se confiesan cosas tan etéreas, tan en el aire, que no tienen ninguna concreción. Y eso es lo mismo que no hacerlo. Confesar nuestros pecados no es ir a una sesión de psiquiatría, ni siquiera ir a una sala de tortura: es decir al Señor: “Señor soy pecador”, pero decirlo a través del hermano, para que este decir sea también concreto. “Y soy pecador por esto, por esto y por esto”.

Concreción, honradez y también – dijo el Papa Francisco – una sincera capacidad de avergonzarse de las propias equivocaciones: no hay sendas en sombra alternativas al camino que lleva al perdón de Dios, a percibir en lo profundo del corazón tu pecado y su amor. Y en este punto el Pontífice dijo que hay que imitar a los niños:
“Los pequeños tienen esa sabiduría: cuando un niño viene a confesarse, jamás dice una cosa general. “Pero, padre he hecho esto y he hecho esto a mi tía, al otro le he dicho esta palabra” y dicen la palabra. Son concretos, ¡eh! Tienen esa sencillez de la verdad. Y nosotros tenemos siempre la tendencia a esconder la realidad de nuestras miserias. Pero hay una cosa bella: cuando nosotros confesamos nuestros pecados como son ante la presencia de Dios, siempre sentimos esa gracia de la vergüenza. Avergonzarse ante Dios es una gracia. Es una gracia: “Yo me avergüenzo”. Pensemos en Pedro, cuando, después del milagro de Jesús en el lago dice: “Pero, Señor, aléjate de mí, yo soy pecador”. Se avergüenza de su pecado ante la santidad de Jesucristo”.

25 de octubre
(María Fernanda Bernasconi – RV).

Fuente:: News.va

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Aporte de la Iglesia católica al desarrollo humano, social y cultural en Guinea Ecuatorial
(RV).- (Con audio) Aporte de la Iglesia católica al desarrollo humano, social y cultural en Guinea Ecuatorial Esta mañana, 25 de octubre de 2013, el Santo Padre Francisco recibió en audiencia al Presidente de la República de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, que luego mantuvo un encuentro con el arzobispo Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con Estados.
Un comunicado de Prensa de la Santa Sede, señala que «durante las cordiales conversaciones, se recordó la contribución positiva de la Iglesia Católica en favor del desarrollo humano, social y cultural del país, en particular en los campos de la educación y asistencial, así como la colaboración con el Estado para mejorar el nivel de vida de la población.
Al final de la visita, en la Sala de los Tratados del Palacio Apostólico Vaticano, el Presidente de la República de Guinea Ecuatorial y el secretario para las Relaciones con los Estados procedieron al intercambiado de los instrumentos de ratificación del Acuerdo entre la Santa Sede y la República de Guinea Ecuatorial sobre las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado, que se firmó en Mongomo, el 13 de octubre de 2012.
El acuerdo, que sella las buenas relaciones bilaterales existentes, reconoce la personalidad jurídica de la Iglesia y de sus Instituciones. También se refiere al matrimonio canónico, a los lugares de culto, a los centros de enseñanza, a la asistencia espiritual de los fieles católicos en los hospitales y en las cárceles. Con el solemne acto de hoy, el Acuerdo , que consta de 19 artículos y un Protocolo Adicional, entró en vigor en virtud del artículo 18.1 .»
(CdM – RV)

Fuente:: News.va

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“El episcopado es un servicio, no un honor”: el Papa Francisco ordenó en la Basílica de san Pedro a dos obispos
(RV).-(audio) “El episcopado es un servicio, no un honor”: el Papa Francisco ordenó en la Basílica de san Pedro a dos obispos “Amen a los presbíteros y a los diáconos, a los pobres y a los indefensos y velen con amor por todo el rebaño”. Son algunas de las exhortaciones dirigidas por el Papa Francisco durante la Santa Misa este jueves en la Basílica de San Pedro, durante la Ordenación Episcopal de Mons. Giampiero Gloder, Presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica y de Mons. Jean Marie Speich, Nuncio Apostólico en Ghana. El Santo Padre leyó el texto de la Homilía ritual, prevista en el Pontifical Romano para el rito de la ordenación episcopal, agregando espontáneamente algunas integraciones.
Papa: “Quieren predicar, con fidelidad y perseverancia, el Evangelio de Cristo?
Los elegidos: “Sí, lo quiero”.
Papa: “Quieren custodiar puro e integral el depósito de la fe?
Los elegidos: “Sí, lo quiero”.
Éstas y otras preguntas, dirigidas por el Obispo de Roma, en base a la antigua tradición de los santos padres, a los dos obispos ordenandos, fueron precedidas por la homilía. Los obispos, “custodios y dispensadores de los ministerios de Cristo” -dijo el Papa- son llamados a seguir el ejemplo del Buen Pastor y a servir al pueblo de Dios. Al obispo -dijo- “compete más el servir que el dominar”.
“Episcopado efectivamente es el nombre de un servicio, no de un honor. Siempre en servicio, siempre el servicio”.
Después de haber exhortado a anunciar la Palabra en toda ocasión, oportuna y no oportuna, el Papa Francisco recordó la centralidad de la oración:
“Un obispo que no reza es un obispo a mitad de camino. Y si no reza, el Señor termina en la mundanidad”.
El servicio alimentado por la palabra -agregó el Papa- debe ser orientado por el amor:
“Amen con amor de padre y de hermano a todos los que Dios les confía. Sobre todo amen a los presbíteros y a los diáconos. Son sus colaboradores, son los más cercanos de los cercanos para ustedes. Nunca hagan esperar a un presbítero, denles audiencia, respóndanles enseguida. Estén cercanos a ellos. Pero también amen a los pobres, a los indefensos y a todos aquellos que tienen necesidad de acogida y de ayuda. Presten particular atención a quienes no pertenecen al único redil de Cristo, porque ellos también les han sido confiados por el Señor. Recen mucho por ellos”.
Además de servir y de amar -concluyó el Santo Padre- los obispos están llamados a velar “por todo el rebaño”, en el nombre del Padre, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo que da vida a la Iglesia.
ER RV

Fuente:: News.va

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