Ciudad del Vaticano (Miércoles, 30-10-2013, Gaudium Press) El Papa Francisco alertó a sus seguidores en Twitter sobre la codicia y el apego a los bienes materiales, que hacen al hombre «esclavo» de sus propias voluntades y deseos.

En el mensaje publicado este martes 29, el Santo Padre dijo: «Si los bienes materiales y el dinero se vuelven el centro de la vida, ellos se apoderan de nosotros y nos esclavizan».

Vale recordar que, anteriormente, el Papa ya había hablado de este tema en otras oportunidades, siempre abordándolo de modo diferente, pero, manteniendo el discurso precavido y alentando a sus fieles sobre los peligros de la lujuria y del orgullo en demasía.

El día 16 de mayo de este año, cuando recibió las credenciales de nuevos embajadores adjuntos al Vaticano, el Pontífice afirmó que la humanidad está viviendo momentos de «un retorno a la propia historia», pues nuestra sociedad acepta cada vez más el dominio del dinero sobre sobre sus vidas, al punto de no compartir sus propios bienes con los más pobres.

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Foto: Gustavo Kralj / Gaudium Press.

El día 20 de septiembre, durante la Santa Misa en la Casa Santa Marta, el Santo Padre destacó a los fieles que el dinero envenena el pensamiento, así como su idolatría, pues de ella, nacen males como la vanidad y el orgullo, que nos torna «maniacos de preguntas ociosas».

En la época, basando su homilía en las palabras de San Pablo sobre la relación entre el camino de Nuestro Señor y el dinero, subrayó: «No se puede servir a Dios y al dinero».

«El poder del dinero saca la Fe: ¡ella se debilita y usted la pierde! El dinero corrompe, no tiene salida», prosiguió.

El lunes, 21 de octubre, el Papa Francisco se refirió de nuevo al asunto, remitiendo las palabras contenidas en el Evangelio de San Lucas (Lc 12, 13-21), cuando hablaba sobre la ganancia.

Para el Santo Padre, «cuando una persona piensa en el dinero, destruye a sí misma, destruye la familia», cuando en verdad, «el dinero es necesario para llevar adelante cosas buenas, proyectos para desarrollar la humanidad».

Al final de la Celebración de aquel día, el Papa concluyó al decir que el mejor camino a seguir es el camino de la pobreza, no el de la pobreza en sí, sino «como un instrumento, para que Dios sea Dios, para que Él sea el único Señor», pues todos los bienes que tenemos, «el Señor nos da para que llevemos adelante el mundo, la humanidad, para ayudar a los otros». (LMI)

Fuente:: Gaudium Press

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Ciudad del Vaticano (Miércoles, 30-10-2013, Gaudium Press) Ayer, el Papa hizo una pregunta que interesa a todos:

«¿Qué es la esperanza para un cristiano? No es fácil comprender lo que sea realmente la esperanza – dijo el Santo Padre buscando responder su propia pregunta- pero podemos, desde luego, saber aquello que no es: ¡Seguramente no es optimismo!»

La esperanza no es optimismo, no es aquella capacidad de mirar las cosas con buen ánimo y andar enfrente. ¡No! Aquello es optimismo, no es esperanza. Y fue así que el Papa Francisco buscó definir lo que, según él, es la esperanza. Y sus palabras surgieron durante la Homilía de la Santa Misa que celebró este martes 29 en la Casa Santa Marta.

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Foto: Gustavo Kralj / Gaudium Press

El Santo Padre dijo más:
«No es fácil percibir bien lo que es la esperanza. Se dice que es la más humilde de las tres virtudes, porque se esconde en la vida. La fe se ve, se siente, se sabe lo que es. La caridad se hace y se sabe lo que es. ¿Pero qué es la esperanza? Para acercarnos un poco, podemos decir, en primer lugar, que la esperanza es un riesgo, es una virtud arriesgada, es una virtud, como dice S. Pablo ‘de una ardiente expectativa en dirección a la revelación del Hijo de Dios’. No es una ilusión».

La esperanza, entonces, no es optimismo, sino una «ardiente expectativa» en dirección a la revelación del Hijo de Dios: este fue el mensaje principal del Papa Francisco. La esperanza es más que optimismo, más que buen ánimo…

«Los primeros cristianos – recordó el Santo Padre – consideraban la esperanza como una áncora en el margen de Além (Más allá)». Y nuestra vida es, precisamente, caminar en dirección a esta áncora – subrayó el Papa Francisco:

«Me viene a la mente la pregunta: ¿dónde estamos nosotros anclados, cada uno de nosotros? ¿Estamos ancorados precisamente al margen de aquel océano tan distante o estamos anclados en un lago artificial que nosotros construimos con nuestras reglas, nuestros comportamientos, nuestros horarios, nuestros clericalismos, nuestras actitudes eclesiásticas y no eclesiales? ¿Estamos anclados allí? ¿Todo cómodo, todo seguro? Aquello no es la esperanza». (JSG)

De la Redacción, con informaciones de la Radio Vaticana.

Fuente:: Gaudium Press

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Episcopado Brasileño promueve 1º Encuentro de la Iglesia Católica en el Amazonas

Manaos – Amazonas (Miércoles, 29-10-2013, Gaudium Press) Se inició el pasado lunes, 28 de octubre, en Manaos, Amazonas, el 1º Encuentro de la Iglesia Católica en el Amazonas Legal, promovido por la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil (CNBB), a través de la Comisión Episcopal para el Amazonas.

Obispos de las Regionales de la CNBB que forman la Amazonas Legal, coordinadores de pastoral, religiosos y laicos están participando del encuentro que tiene por fin debatir la realidad político-social, económica, cultural y religiosa de la región amazónica, así como la contribución de la Iglesia Católica para la promoción y la defensa de la vida de los habitantes de esa región y de su rica biodiversidad.

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Entre los invitados están el presidente de la Comisión Episcopal para el Amazonas, Cardenal Cláudio Hummes; el secretario general de la CNBB, Mons. Leonardo Steiner, el Nuncio Apostólico en Brasil, Mons. Giovanni D´Aniello y representantes del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) y Adveniat.

Debates, conferencias y discusiones sobre los temas que involucran a los pueblos del Amazonas serán debatidos a lo largo de los cuatro días del evento.

El 1º Encuentro de la Iglesia Católica en el Amazonas Legal será clausurado el jueves 31, con una memoria del camino recorrido por 10 años de la Comisión Episcopal por los obispos-miembros: Mons. Cláudio Hummes, Mons. Moacyr Grechi, Mons. Erwin Krautler, Mons. Sergio Castriani y Mons. Jaime Vieira Rocha, y con la lectura y aprobación de la Carta de este encuentro, que pretende finalizar directrices de esta importante región. (EPC)

Con informaciones de la Diócesis de Santarém.

 

Fuente:: Gaudium Press

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Simposio sobre el Concilio del Vaticano II cierra el Año de la Fe, en Algarve, Portugal

Algarve – Portugal (Miércoles, 30-10-2013, Gaudium Press) Para el cierre de las conmemoraciones del Año de la Fe, la Diócesis de Algarve, Portugal, organiza un simposio sobre el Concilio Vaticano II, que se realizará el 23 y 24 de noviembre, en la parroquia de San Luis de Faro.

La iniciativa diocesana destacará los 50 años del Concilio Vaticano II, considerado uno de los acontecimientos eclesiales que inspiró la proclamación del Año de la Fe por el Papa Emérito Benedicto XVI.

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El Simposio está destinado a todos los que participan activamente en la vida parroquial y diocesana de la Iglesia, así como los laicos comprometidos.

En la programación del evento, constan las conferencias administradas por el Obispo Emérito de Algarve, Mons. Manuel Madureira Dias y del docente de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Lisboa, Padre António Manuel Martins.

Durante el encuentro, habrá un panel sobre la «Memoria, recepción y desafíos conciliares en la Diócesis de Algarve», además de la proyección del documental «Vaticano II, Imágenes y testimonios».

Para clausurar el Año de la Fe en la Diócesis de Algarve, se celebrará también una Santa Misa en la Catedral de Faro el día 24 de noviembre, a las 15:30 horas. (LMI)

De la redacción, con informaciones de la Agencia Ecclesia.

 

Fuente:: Gaudium Press

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La esperanza es la más humilde de las tres virtudes teologales, porque en la vida se esconde. Sin embargo nos transforma en profundidad, así como “una mujer embarazada es mujer”, pero es como si se transformara porque se convierte en mamá. De la esperanza el Papa Francisco habló el 29 de octubre en la misa celebrada en Santa Marta reflexionando sobre la actitud de los cristianos en espera de la revelación del Hijo de Dios.

La esperanza, esta desconocida
A esta actitud está ligada la esperanza, una virtud —dijo al inicio de la homilía— que se ha revelado más fuerte que los sufrimientos, así como escribe san Pablo en la carta a los Romanos (8, 18-25). “Pablo —notó el Pontífice— se refiere a los sufrimientos del tiempo presente, y dice que no son comparables a la gloria futura que será revelada en nosotros”. El apóstol habla de “ardiente espera”, una tensión hacia la revelación que se refiere a toda la creación. “Esta tensión es la esperanza —continuó— y vivir en la esperanza es vivir en esta tensión”, en la espera de la revelación del Hijo de Dios, o sea, cuando toda la creación, “y también cada uno de nosotros”, será liberada de la esclavitud “para entrar en la gloria de los hijos de Dios”.

“Pablo —prosiguió— nos habla de la esperanza. También en el capítulo precedente de la carta a los Romanos había hablado de la esperanza. Nos había dicho que la esperanza no desilusiona, es segura”. Pero ésta no es fácil de entender; y esperar no quiere decir ser optimistas. Así que “la esperanza no es optimismo, no es esa capacidad de mirar las cosas con buen ánimo e ir adelante”, y no es tampoco sencillamente una actitud positiva, como la de ciertas “personas luminosas, positivas”. Esto, dijo el Santo Padre, “es algo bueno, pero no es la esperanza”.

Se dice —explicó— que es “la más humilde de las tres virtudes, porque se esconde en la vida. La fe se ve, se siente, se sabe qué es; la caridad se hace, se sabe qué es. ¿Pero qué es la esperanza?”. La respuesta del Pontífice fue clara: “Para acercarnos un poco podemos decir en primer lugar que es un riesgo. La esperanza es una virtud arriesgada, una virtud, como dice san Pablo, de una ardiente espera hacia la revelación del Hijo de Dios. No es una ilusión. Es la que tenían los israelitas” quienes, cuando fueron liberados de la esclavitud, dijeron: “nos parecía soñar. Entonces nuestra boca se llenó de sonrisa y nuestra lengua de alegría”.

He aquí que esto es cuanto sucederá cuando sea la revelación del Hijo de Dios, explicó. “Tener esperanza significa precisamente esto: estar en tensión hacia esta revelación, hacia esta alegría que llenará nuestra boca de sonrisa”. Y exclamó: “¡Es bella esta imagen!”. Después relató que “los primeros cristianos la pintaban como un ancla. La esperanza era un ancla”; un ancla fijada en la orilla del más allá. Nuestra vida es como caminar por la cuerda hacia ese ancla. “¿Pero dónde estamos anclados nosotros?”, se preguntó el Obispo de Roma. “Estamos anclados precisamente allá, en la orilla de ese océano tan lejano o estamos anclados en una laguna artificial que hemos hecho nosotros, con nuestras reglas, nuestros comportamientos, nuestros horarios, nuestros clericalismos, nuestras actitudes eclesiásticas —no eclesiales, ¿eh?—. ¿Estamos anclados allí donde todo es cómodo y seguro? Esta no es la esperanza”.

Pablo —añadió el Papa Francisco— “busca después otra imagen de la esperanza, la del parto. Sabemos de hecho que toda la creación, y también nosotros con la creación, ‘gime y sufre los dolores del parto hasta hoy’. No sólo, sino también nosotros, que poseemos las primicias del espíritu, gemimos —pensad en la mujer que da a luz—, gemimos interiormente esperando. Estamos en espera. Esto es un parto”. La esperanza —añadió— se sitúa en esta dinámica de dar la vida. No es algo visible incluso para quien vive “en la primicia del Espíritu”. Pero sabemos que “el Espíritu actúa. El Evangelio —precisó el Papa refiriéndose al pasaje de Lucas (13, 18-21)— dice algo sobre esto. Actúa como si fuera un grano de mostaza, pequeñito, pero dentro está lleno de vida y de fuerza y va adelante hasta el árbol. El Espíritu actúa como la levadura que es capaz de leudar toda la harina. Así actúa el Espíritu”.

La esperanza “es una gracia que hay que pedir”; en efecto, “una cosa es vivir en la esperanza, porque en la esperanza hemos sido salvados, y otra cosa es vivir como buenos cristianos y no más; vivir en espera de la revelación o vivir bien con los mandamientos”; estar anclados en la orilla del mundo futuro “o aparcados en la laguna artificial”.

Para explicar mejor el concepto el Pontífice indicó cómo cambió la actitud de María, “una muchacha joven”, cuando supo que era mamá: “Va y ayuda y canta ese cántico de alabanza”. Porque —aclaró el Papa Francisco— “cuando una mujer está embarazada, es mujer”, pero es como si se transformara en lo profundo porque ahora “es mamá”. Y la esperanza es algo similar: “cambia nuestra actitud”. Por esto —expresó— “pidamos la gracia de ser hombres y mujeres de esperanza”.

En la conclusión, dirigiéndose a un grupo de sacerdotes mexicanos que celebraban el vigésimo quinto aniversario de sacerdocio, el Papa, indicando la imagen mariana que le habían llevado de obsequio, dijo: “Mirad a vuestra Madre, figura de la esperanza de América. Mirad, está pintada embarazada. Es la Virgen de América, es la Virgen de la esperanza. Pedidle a Ella la gracia para que los años por venir sean para vosotros años de esperanza”, la gracia “de vivir como sacerdotes de esperanza” que dan esperanza.

 

Fuente:: News.va

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Para ti ¿qué cosa es la esperanza? El Papa el martes
(RV).- La esperanza no es optimismo, sino “una ardiente expectativa” hacia la revelación del Hijo de Dios. Lo dijo el Papa Francisco en la Misa del martes en la Casa de Santa Marta. El Santo Padre recalcó que los cristianos deben cuidarse de clericalismos y de actitudes cómodas, ya que la esperanza cristiana es dinámica y da la vida.
¿Qué cosa es la esperanza para un cristiano? El Obispo de Roma se inspiró en las palabras de San Pablo, en la Primera Lectura, para resaltar la dimensión única de la esperanza cristiana. No se trata de optimismo, advirtió el Pontífice, sino de “una ardiente expectativa” dirigida hacia la revelación del Hijo de Dios. La creación continuó diciendo el Papa, fue “sujetada a la caducidad” y el cristiano vive la tensión entre la esperanza y la esclavitud. “La esperanza -agregó Francisco haciéndose eco de las palabras de San Pablo- no decepciona, es segura”. Sin embargo, reconoció “no es fácil entender la esperanza”. A veces, puntualizó el Santo Padre, “pensamos que ser personas de esperanza signifique ser personas optimistas”. Pero no es así :
“La esperanza no es el optimismo, no es aquella capacidad de ver las cosas con buen ánimo y seguir adelante. No, eso es optimismo, no es esperanza. Ni la esperanza es una actitud positiva frente a las cosas. Esa gente brillante, positiva… Esto es bueno, ¡eh! pero hay esperanza. No es fácil entender bien lo que es la esperanza. Se dice que es la más humilde de las tres virtudes, porque está oculta en la vida. La fe se ve, se siente, se sabe lo que es. La caridad se hace, se sabe lo que es. Pero, ¿qué es la esperanza? ¿Qué es esa actitud de la esperanza? Para acercarnos un poco, podemos decir primero que la esperanza es un riesgo, es una virtud arriesgada, es una virtud, como dice San Pablo ‘de una ardiente expectativa hacia la revelación del Hijo de Dios’. No es una ilusión”.

Tener esperanza, añadió el Pontífice, es justamente esto: “Estar en tensión hacia esta revelación, hacia esta alegría que llenará nuestra boca de sonrisas”. San Pablo, anotó luego el Papa- hace hincapié en que la esperanza no es el optimismo, “es mucho más”. Es “otra cosa diferente”. Y los primeros cristianos, recordó, “la representaban como un ancla: la esperanza era un ancla, anclada en la orilla” del más allá. Y nuestra vida es justamente caminar hacia esa ancla:
“Se me ocurre la pregunta, ¿dónde estamos anclamos nosotros, cada uno de nosotros? Estamos anclados allá en la orilla de aquel océano tan alejado o estamos anclados en una laguna artificial que hemos hecho nosotros, con nuestras normas, nuestros comportamientos, nuestros horarios, nuestros clericalismos, nuestras actitudes eclesiásticas… no eclesiales, ¿eh? ¿Estamos anclamos allí? Todos confortables y seguros, ¿eh? Aquella no es esperanza ¿Dónde está anclado mi corazón, allí en esta laguna artificial, con un comportamiento impecable de verdad …”
San Pablo, agregó el Papa, indica otro ícono de la esperanza, aquel del parto. “Estamos a la espera – observó – esto es un parto. Y la esperanza se encuentra en esta dinámica”, de “dar vida”. Sin embargo, precisó Francisco, “la primicia del Espíritu no se puede ver”. No obstante sé que “el Espíritu obra”. Obra en nosotros “como si fuese un pequeño grano de mostaza, pero lleno de vida dentro, de fuerza, que va adelante” hasta convertirse en árbol. El Espíritu obra como la levadura. Así, resaltó el Santo Padre, “el espíritu trabaja: no se ve, pero existe. Es una gracia que hay que pedir”:
“Una cosa es vivir en la esperanza, porque en la esperanza estamos salvados y otra cosa es vivir como buenos cristianos, nada más. Vivir a la espera de la revelación, o vivir bien con los mandamientos; estar anclados en la orilla del más allá, o aparcados en la laguna artificial. Pienso en María, una muchacha joven, cuando, después de haber oído que era mamá ha cambiado su actitud y va, ayuda y canta ese cántico de alabanza. Cuando una mujer se queda embarazada es mujer, pero no es solo mujer: es madre. Y la esperanza tiene algo de esto. Nos cambia la actitud: somos nosotros, pero no somos nosotros; somos nosotros, buscando allí, anclados allí.”
El Papa Francisco concluyó su homilía del martes, dirigiéndose a un grupo de sacerdotes mexicanos presentes en la misa con motivo del vigésimo quinto aniversario de su ordenación. Pidan a la Virgen, Madre de la esperanza, les dijo, que sus años “sean años de esperanza, para vivir como sacerdotes de esperanza”, “dando esperanza”. (RC-RV)

Fuente:: News.va

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Plasencia Pacem in terrisBajo el lema “Rehabilitar la democracia”, la Delegación de Apostolado Seglar de la diócesis de Plasencia convoca a las personas presentes en la vida pública al VI Encuentro de Cristianos en la Vida Pública. Tendrá lugar en Trujillo, el próximo 9 de noviembre, en el local de Cáritas Interparroquial (Calle Guía, 1), donde se inaugura a las 10:00 horas.

El motivo de este encuentro es la convicción de que “ante una democracia rota, otra política es posible desde la comunión”. A las 09:45 horas se hará la entrega de material y después del saludo y la oración, tendrá lugar una breve presentación de la Encíclica de Juan XXIII, Pacem in terris.

A las 11:00 horas se procederá a compartir en Asamblea distintas cuestiones:

Ver la realidad. Qué está ocurriendo que no favorece a nuestra democracia, por qué ocurren estos hechos y cómo influyen en las personas, las familias, los partidos políticos o los sindicatos.

Juzgar. Fe cristiana y acción política. Cómo hacer cultura una acción política orientada por la comunión.

Actuar. Qué retos plantea esta vivencia de la política orientada por la comunión para la acción evangelizadora. Retos para la comunidad eclesial y para los cristianos.

El VI Encuentro de Cristianos en la Vida Pública en la diócesis de Plasencia finalizará a las 14:00 horas.

(Iglesia en Plasencia – diocesisplasencia.org)

Fuente:: SIC

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Osma-Soria consejo pastoralMons. Gerardo Melgar Viciosa, Obispo de Osma-Soria, presidió la séptima sesión plenaria del V Consejo pastoral diocesano. La reunión, que se celebró el viernes 25 de octubre, tuvo lugar en la Casa diocesana y contó con la presencia de una treintena de miembros.

Tras la oración al comienzo de la Sesión, Mons. Melgar Viciosa saludó a los asistentes y les animó “en la preciosa tarea que tenemos entre manos”, al tiempo que indicó algunas claves generales para el trabajo pastoral durante este Curso 2013/2014 “en el que tenemos que seguir trabajando y culminar con ilusión la Misión diocesana”. Acto seguido, se procedió a la elección de un nuevo miembro para la Permanente del Consejo por el cese de José Ignacio SanJuan Sancha, anterior delegado episcopal de infancia y juventud; José Damián Ferrero, delegado de cofradías, fue elegido.

El Vicario episcopal de pastoral, Ángel Hernández Ayllón, realizó un detallado informe de la segunda fase de la Misión diocesana y explicó las actividades de la tercera fase para este 2013/2014. Asímismo, informó sobre el trabajo que va a realizar la Vicaría y la Delegación episcopal de liturgia con los agentes que animan las celebraciones en espera de presbítero a quienes se formará para poder desempeñar mejor su tarea.

Finalmente, Hernández Ayllón detalló algunos aspectos sobre la Escuela diocesana de formación de laicos.

Fuente:: SIC

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Familia cristiana: Es levaduraMons. Braulio Rodríguez     En las celebraciones del Año de la Fe, los días 26 y 27 de octubre se centran en el encuentro de las familias con el Papa. Acontecimiento esperado y en el que habrá sin duda sorpresas que deparará el Papa Francisco, como ha ocurrido cuando se ha encontrado con seminaristas y miembros de la vida consagrada en formación, con catequistas, con cofradías y piedad popular, etc. Comienza, además, a haber expectación porque el Santo Padre ha anunciado un Sínodo extraordinario sobre la familia para octubre de 2014. Dejando para 2014 lo que acontezca en ese Sínodo sobre la familia, es bonito que toda la Iglesia vuelva a reflexionar en este Año de la Fe, poniendo de relieve el matrimonio y la familia, institución fundamental para la humanidad.

¡Cuánto hemos dicho y escuchado sobre la familia desde la Gaudium et Spes, y la Familiaris Consortio! Juan Pablo II y sus Catequesis, Benedicto XVI y sus Jornadas Mundiales en Valencia 2006 y Milán 2012, los documentos de la Conferencia Episcopal Española (¡magníficos!) han sido alternativas a un pensamiento débil sobre la familia en todos estos años, que es exponente de una cultura dominante que no define la familia, la manipula según un laicismo imperante cuyas consecuencias peores son el aborto, el divorcio exprés y la permisividad en la eutanasia, la manipulación de embriones y una estrategia de educación afectiva que para nada tiene en cuenta el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus criterios morales, no los del Estado o partido en el gobierno; pero que sí se atiene, y de qué manera, a los postulados nefastos de la ideología de género.

No hace muchos días que le referían al Papa Francisco, en una entrevista o intercambio con un famoso periodista no creyente, el dato de que los cristianos somos una minoría, puesto que en Italia, por ejemplo, los católicos practicantes apenas llegan a un 20%. Se puede aceptar que, aunque somos el grupo religiosos mayor del planeta, somos una minoría. Ahora bien, viene a decir el Papa, esa minoría francamente no deja de ser una fuerza. Pero, para ello, debemos ser una levadura de vida y de amor y la levadura es una cantidad infinitamente más pequeña de la masa de los frutos, de las flores y de los árboles que de esa levadura nace. Por ello, nuestro objetivo, como católicos, nunca es un proselitismo sino una escucha de las necesidades, de los deseos, de las desilusiones, de la desesperación de la esperanza de las familias del mundo.

El Papa repite que debemos dar esperanza a los jóvenes, ayudar a los mayores, abrirse al futuro, difundir el amor. Pobres entre los pobres, abiertos a curar las llagas de la humanidad. Tanto los que estén en Roma esos días 26-27 de octubre, como los que os sintáis en sintonía con el tipo de familia que surge del Evangelio y de amor a Jesucristo, esperamos con alegría cuando aquí suceda, porque nos ayudará a, sin ser ingenuos, vivir de modo gratuito, agradecidos lo que os ha tocado vivir: ser matrimonios y familias cristianas sin complejos, abiertos a la vida y a ayudar a otros matrimonios a ser esa comunidad de vida y amor que no tiene sucedáneos.

Os invito a que descubráis cuánto se está haciendo de bien en el ámbito de la pastoral de la familia y de la vida en nuestra Iglesia toledana, cuántas familias están implicadas no sólo en vivir bien su matrimonio y su función como padres, madres, hijos y otros miembros de la familia, sino cuánto se está programando y llevando a cabo en toda la Diócesis en favor de una familia cristiana: Escuelas de Familia, Centros de Orientación familiar, preparación al matrimonio para los novios, equipos de matrimonios en movimientos familiaristas o en grupos parroquiales, el empeño en prepararse bien para conseguir una buena educación afectivo-sexual desde niños, adolescentes y jóvenes, y aún padres ya con años de casados, afrontando el reto de la enseñanza de un tipo de sexualidad banal reductiva y centrada únicamente en fuente de lo placentero, sin tener en cuenta al otro. Son muchos y gente de gran valía y están en medio de esta sociedad toledana. Con otras muchas familias de la Iglesia universal ese fin de semana gozarán de un encuentro que sin duda llenará de ilusión su vida. Y no faltarán los hijos con sus padres.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

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Fuente:: Mons. Braulio Rodríguez

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Ramón del HoyoMons. Ramón del Hoyo     Queridos fieles diocesanos:

 1. Al abrirse el mes de noviembre los cristianos acostumbrados a recordar y orar, de una forma especial, por los fieles difuntos. Repasamos sus nombres y sus vidas, visitamos sus tumbas y, junto a nuestra oración, depositamos unas flores como expresión de amor y cariño.
 Los cristianos tenemos así una ocasión muy propicia para pensar serenamente en que el tema de la muerte nos interesa y nos afecta. Por mucho que se trate en convertir el hecho de la muerte en un especie de “tabú” prohibido en círculos de nuestra sociedad, sin embargo, la persona, aún de forma inconsciente, busca algo en qué esperar, porque su vocación es ser inmortal.
 Se teme a la muerte, porque se tiene miedo a la nada. No podemos aceptar que todo lo realizado durante el recorrido de la vida se borre y caiga en el abismo de la nada. Existe, además, la percepción de la existencia de un juicio sobre nuestras acciones, sobre cómo hemos gastado nuestra vida y tratamos de dejar limpia nuestra conciencia. En cierto sentido el afecto y oraciones con las que rodeamos a nuestros difuntos son como un modo de protegerlos para que sus equivocados pasos en la vida queden sin efecto y, sus obras buenas, prevalezcan.
 2. En la Homilía que pronunció Su Santidad Benedicto XVI en el funeral por el Cardenal Spidik, año 2010, hizo referencia a estas últimas palabras del difunto: “Durante toda la vida he buscado el rostro de Jesús, y ahora estoy feliz y sereno, porque me voy a verlo”. Esta es la verdadera respuesta de un cristiano ante la muerte.
Coincide este deseo expresado por el Cardenal con la oración de Cristo, cuando dijo: “Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado” (Jn 17,24).
 Pensemos que estas palabras de Jesús no son un mero deseo, una aspiración, sino que expresan su voluntad que siempre tiene cumplimiento. Nuestro fundamento seguro para creer y esperar radican en esta voluntad de Cristo precisamente. De hecho esta su voluntad coincide con la de Dios Padre y la obra del Espíritu Santo, lo que nos conduce a ese abrazo dulce y seguro de nuestra futura vida eterna.
Sabemos que Dios se hizo hombre cercano a nosotros. Y entró en nuestra vida y en nuestra historia. Él nos dice y asegura: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”(Jn 11, 25-26).
 3. La respuesta del cristiano ante la muerte es mirarla con fundada esperanza desde nuestra fe, que se apoya en la muerte y resurrección de Jesucristo. Con el paso de la muerte se abre la vida eterna que “no es un duplicado infinito del tiempo presente, sino algo completamente nuevo: una relación de comunión plena con el Dios vivo, estar en sus manos, en su amor, y transformarnos en Él en una sola cosa con todos los hermanos y hermanas que El ha creado y redimido, con toda la creación” (BENEDICTO XVI,Homilía en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el año, 3-11-2012).
 En nuestro recorrido por esta vida no faltan dificultades y problemas. Pasamos por situaciones de dolor y sufrimiento, por momentos difíciles de comprender y aceptar. Todo alcanza un gran valor, dese la perspectiva de nuestra futura vida eterna, si las acogemos con paciencia y acertamos a unirlas a la Cruz de Cristo. Asociados a su Pasión, podemos lograr que nuestra existencia toda sea muy fecunda, en cualquier momento de su recorrido, como ofrenda agradable a Dios.
Como nos recuerda también la Sagrada liturgia: “La vida de los que en Ti creemos, Señor, no termina, se transforma, y al deshacerse nuestra morara terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo” (Prefacio de difuntos).
¡Descansen en paz. Amén!
  Os saluda en el Señor.
+ Ramón del Hoyo López,
Obispo de Jaén

Fuente:: Mons. Ramón del Hoyo

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