Se presente e-book que recopila Cartas Pastorales del Prelado del Opus Dei sobre el Credo

Redacción (Jueves, 21-11-2013, Gaudium Press) «Creo, creemos», es el título del libro que acaba de presentar el Opus Dei con ocasión de la Clausura del Año de la Fe, evento que ocurrirá el próximo domingo 24 de noviembre durante la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.

El libro, que está disponible como e-book en epub para smartphones y tablets, en mobi para Kindle y en formato pdf, recopila fragmentos de las Cartas Pastorales que Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, dirigió a los fieles de la prelatura en este Año de la Fe.

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«Al terminar este tiempo de confesión y profundización en la fe recibida y transmitida por la Iglesia, ofrecemos en un solo documento estos comentarios del Prelado del Opus Dei. Siguiendo el magisterio de Benedicto XVI y del Santo Padre Francisco, y aplicando esas enseñanzas a las circunstancias de la vida ordinaria, Mons. Echevarría ofrece una pauta para meditar con frecuencia sobre estas verdades básicas de nuestra de católica», se describe en la presentación del libro.

Como se destaca también en la presentación del documento, el Prelado, mes a mes, hizo eco de la sugerencia del santo Padre para que, durante el Año de la Fe, se profundizara en el contenido del Credo, y desde octubre de 2012 hasta noviembre de 2013 dedicó sus cartas mensuales para meditarlo y comentarlo. Comentarios que ahora están recopilados en este e-book.

Justamente sobre estas reflexiones Mons. Echevarría hace referencia en la introducción del libro: «Me propongo referirme cada mes a algún punto de nuestra fe católica para que cada uno, cada una, reflexione sobre este tema en la presencia de Dios y trate de sacar consecuencias prácticas».

Y continúa el prelado: «Como recomienda el Santo Padre, detengámonos en los artículos de la fe contenidos en el Credo. Porque, se pregunta Benedicto XVI, ‘¿dónde hallamos la fórmula esencial de la fe? ¿Dónde encontramos las verdades que nos han sido fielmente transmitidas y que constituyen la luz de nuestra vida cotidiana?’. El mismo Papa nos ofrece la respuesta: ‘En el Credo, en la Profesión de fe o Símbolo de la fe nos enlazamos al acontecimiento originario de la Persona y de la Historia de Jesús de Nazaret; se hace concreto lo que el Apóstol de los gentiles decía a los cristianos de Corinto: Os transmití en primer lugar lo que yo también recibí».

Con información del Opus Dei.

 

 

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21 de Noviembre de 2013 / 0 Comentarios

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Redacción (Jueves, 21-11-2013, Gaudium Press) Nuestro primer padre, Adán, fue creado en el Paraíso con todos aquellos dones que querríamos poseer: la ciencia infusa, dominio sobre los animales, impasibilidad, inmortalidad. Esto, además de todos los dones sobrenaturales infinitamente superiores en importancia, tales como el estado de Gracia, la concesión de parte de Dios de todas las virtudes infusas y de los Dones del Espíritu Santo, todos estos en grado inconmensurable, una vez que era la primera criatura humana creada por el Padre Eterno.

¡Cuán magnífica, extraordinaria y excelsa era la vida de Adán en el Edén! Además de todos esos beneficios, conversaba con el propio Dios de tarde. Era blanco de enorme predilección por parte de su Creador, al punto de que éste, en su Infinita Sabiduría, viéndolo solo, en el paraíso, le envió una compañera. No siendo bastante, todavía lo hizo rey de la creación entera.

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Bautismo de San Ignacio de Loyola – Santa Casa, Loyola

Apenas un mandamiento Dios le estableció: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y el mal no comerás, porque en el día en que de él comieres, morirás indudablemente» [1].

A pesar de todos los beneficios y gracias concedidas, de todos los grandiosos favores dados por la Divina Providencia, Adán no cumple este mandato. ¡Cuánta infidelidad, cuánta no correspondencia, cuánta ingratitud! Él podría comer de todos los frutos del Paraíso [2], los cuales eran de enorme belleza y, ciertamente, poseían sabores inefables [3]. ¿Por qué fue a comer justo de aquel único prohibido?

Por una tentación de orgullo inducida por la serpiente [4], el más astuto de entre los animales del paraíso [5], Adán y Eva cometen esa enorme falta la cual transferiría de generación en generación todos los efectos de esta desobediencia: el Pecado Original. Con tal indisciplina nuestro primer padre pierde todos aquellos beneficios, o sea, podrá morir, perderá aquel dominio que poseía sobre todos los animales, tendrá que comer el pan con el sudor de su rostro [6]. Y como Dios es justiciero y castiga a los que le son infieles [7], le retiró todos los dones sobrenaturales. Adán perdió el estado de gracia, las virtudes, los dones, fue expulsado del Paraíso. Tendrá que recuperarlos ahora a través de la penitencia de una vida entera.

Ciertamente, Dios podría haber acabado con aquello que había creado y después recrear de otro modo sin el pecado de Adán, pero Dios lo permitió de esta forma. La Historia de la humidad continuará. Adán y Eva tienen dos hijos: Caín y Abel. Ya al inicio de la Sagrada Escritura cuánta infidelidad de aquellos que no poseían más las cualidades de su padre, antes del pecado. Caín, por envidia de las ofrendas hechas por su hermano Abel, lo mata. [8]

¡Cuántas faltas cometería todavía la descendencia de Adán! Basta recorrer las narraciones de la Sagrada Escritura: son pecados que llevan a Dios a acabar con toda la Humanidad a través del Diluvio, exceptuando a Noé y su familia; el Señor del universo confunde la lengua de los hombres que se enorgullecían construyendo la Torre de Babel; al liberar al pueblo judío de la esclavitud de Egipto, prometiéndole aquella tierra de donde corre leche y miel, los ve reclamando en el desierto la falta de agua, de carne, y construyendo un becerro a fin de adorarlo en lugar del Dios de los dioses y Señor de los señores.

En fin, los hechos serían innúmeros. Pero, delante de tantas infidelidades y no correspondencias a los designios de Dios, ¿cómo actuó Él?

«Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una Mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se encontraban debajo de la ley y para que recibiésemos la filiación adoptiva» [9]. ¡Cuánta misericordia, clemencia y bondad! Delante de todos los pecados la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se encarna y se hace hombre, para morir en la cruz, redimir nuestros pecados y cumplir en toda su plenitud las promesas hasta ahí hechas, además de darnos, en todo, el ejemplo, a fin de que podamos ser perfectos como nuestro «Padre celeste es Perfecto» [10].

Como si fuese poco el que el Verbo de Dios se hiciese carne, nos dejó la Santa Iglesia fundada por Él, de su costado abierto por la lanza, y las siete señales sensibles de la Gracia que nos conceden la Gracia, nos fortalecen en la virtud y nos hacen alcanzar el Cielo: los Sacramentos.

Los Sacramentos de la Nueva Ley, instituidos por el propio Dios para producir la gracia en el alma [11] son, tal vez, los mayores regalos que nos son concedidos a nosotros, sus ingratas criaturas, a fin de que podamos cumplir nuestra finalidad con mayor facilidad y consciencia: conocer al Creador, amarlo y servirlo, para que, así nos salvemos.

Estas señales sensibles de la Gracia no actúan como los también llamados Sacramentos, de la Antigua Ley, pues después de la venida de Nuestro Señor Jesucristo es Él mismo que actúa, por tanto, su efecto se produce ‘ex opere operato’, o sea, independiente de la virtud que el ministro o el individuo que los recibe tengan. Los Sacramentos de la Antigua Ley, tales como los sacrificios pacíficos, los holocaustos, el chivo expiatorio, la circuncisión, actuaban ‘ex opere operantis’, pues conferían Gracia en la medida de la fe de aquel que los recibía o cumplía.[12]

Tal fue el modo de, incluso después de su Ascensión, Dios permanecer con nosotros y unirnos a Él. Pues con el Bautismo nos es conferida la propia Vida Divina, es borrado el Pecado Original y la Divina Providencia nos concede todos los Dones y Virtudes propias a un verdadero Hijo de Dios. Con la Confirmación somos elevados a la condición de Soldados de Cristo, Él nos hace más fuertes contra la tentación, embustes y trampas del demonio. Nos dejó la Eucaristía, don que ni los Ángeles poseen en el Cielo, pues con él podemos recibir al propio Dios en nosotros. La Confesión, Sacramento a través del cual Dios nos concede el perdón por nuestros pecados que, por infidelidad, tantas veces cometemos. El Matrimonio bendijo con gracias eficacísimas aquello que naturalmente ya era concedido a la humanidad. El Orden el cual hace que simples hombres se tornen personas sagradas y actúen en la propia Persona de Cristo (in Persona Christi). Por último, la Unción de los Enfermos, con la cual, la Divina Misericordia nos da en los últimos momentos de nuestra vida terrena el perdón de los pecados y méritos como si hubiésemos correspondido a todas las gracias recibidas durante nuestra peregrinación en este valle de lágrimas.

Es, por tanto, inmensamente necesario, de nuestra parte, recurrir a esos auxilios prestados por la Divina Providencia, sin los cuales nos sería terriblemente más pesada y difícil la salvación eterna. Además de eso, debemos cada vez más dar gracias a Dios por habernos concedido tales beneficios, esos mejores regalos de los que toda la humanidad tenía necesidad, frutos de su infinita benignidad y provenientes de su Omnipotencia Divina.

Por Pedro Faustino Braga
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[1] Gn 2, 16-17.
[2] Cf. Gn 1, 29.
[3] Cf. Gn 2 ,9.
[4] Cf. Gn 3, 4-5.
[5] Cf. Gn 3, 1.
[6] Cf. Gn 3 ,17-19.
[7] Cf. Dt 5, 9.
[8] Cf. Gn 4, 1-8.
[9] Gl 4, 4-5.
[10] Mt 5, 48.
[11] BOULENGER. Doutrina Catholica. 3ª parte. São Paulo; Francisco Alves Paulo de Azevedo e Cia. 1927. p. 42.
[12] Cf. PHILIPON, M. M. Los Sacramentos em la vida Cristiana. Ed. 2 .Madrid; Palabra. 1980. p. 8.

 

 

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Redacción (Jueves, 21-11-2013, Gaudium Press) La educación, desde los filósofos griegos hasta el siglo XVIII, visaba la formación del hombre como un todo, buscando desarrollar sus habilidades y capacidades, explorando sus apetencias, siguiendo un currículum muy flexible, casi que adaptado a cada alumno.

Las clases de las universidades ocurrían con frecuencia en espacios públicos, con acceso para cualquiera. Respecto a esa informalidad, se cuenta, en la vida de San Clemente María Hofbauer un hecho significativo. En su juventud, siendo aprendiz de panadero, se sentó en la plaza en Viena, Austria, para asistir a una clase de un famoso teólogo. En determinado momento él interrumpió la exposición observando: «¡Maestro, no sé explicar por qué, pero lo que usted acaba de decir está errado!» Indignado, el profesor expulsa al joven de la clase. Años después, encontrándose con San Clemente, ahora sacerdote, el maestro le agradece aquella intervención, explicando que fue a verificar y, realmente, estaba enseñando algo equivocado. Era el sentido católico prevaleciendo sobre la mera erudición.

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Competía en esa época al maestro o preceptor atender a las legítimas curiosidades y puntos vivos de interés del discípulo, pues se comprendía que cada individuo es único y tiene una visión del universo personalísima, originalísima y riquísima.

Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) «introduce un principio pedagógico moderno y revolucionario para su tiempo: que el conocimiento es construido por el estudiante y no simplemente transmitido por el profesor» (Revista Nova Escola, julio de 2008, p. 22, sin autor). Se ve por ahí que Piaget y el constructivismo no representaron ninguna novedad pedagógica en la Historia, como tantas veces son presentados.

Hoy se habla de inter y transdisciplinariedad. Hasta la Revolución Francesa se enseñaba así… El conocimiento era uno, cohesivo, formaba un todo coherente, armónico entre las partes, basado en la misma concepción religiosa del universo. Todos los conocimientos se relacionaban entre sí.

Hoy se dice que el niño debe aprender jugando o que el aprendizaje debe ser placentero.

En nuestras investigaciones pudimos constatar que Santo Tomás de Aquino ya enseñaba eso en la Suma Teológica (II-II, q. 168, art. 2, 3 y 4), en el siglo XIII, habiendo inclusive escrito un Tratado sobre el jugar. Y San Juan Bosco (siglo XIX) tenía como piedra fundamental de su sistema preventivo en la educación la «amorevolezza»: el bienquerer; el niño debería ser amado y sentirse amado por el profesor que, así, conquistaba la confianza del discípulo. En los recreos salesianos había una sola regla: es prohibido estar triste.

Hoy se da mucha importancia a los laboratorios, las experiencias (John Dewey, 1978); los antiguos de la Escuela peripatética, de Aristóteles, la cual poseía una orientación empírica, ya procedían así en el año 320 a.C….

O sea, las mejores tendencias de la pedagogía actual van en el sentido de restaurar lo que la educación cristiana viene haciendo hace siglos. La llamada pedagogía «tradicional» -distinta de la católica de que tratamos arriba- es de la edad moderna, fruto de la Revolución Francesa. Uno de los filósofos de esa escuela fue Johann Friedrich Herbart (1776-1841), considerado el organizador de la Pedagogía como ciencia.

El conocimiento humano quedó compartimentado, fragmentado con el iluminismo y el racionalismo, generando las incontables especializaciones separadas modernas.

Por basarse en el principio de que la mente humana solo aprende nuevos conocimientos y solo participa del aprendizaje pasivamente, el ‘herbartianismo’ resultó en una enseñanza que hoy calificamos de tradicional. «[…] una enseñanza totalmente receptiva, sin diálogo entre profesor y alumno y con clases que obedecían a esquemas rígidos y preestablecidos» (Revista Nova Escola, diciembre de 2004, p. 24, sin autor).

El sistema de enseñanza prevalente en las universidades medievales era basado en la intensa participación de los alumnos a través de la «disputatio», el debate, que se seguía a la presentación de un tema, la «lectio», en el cual cada uno defendía su opinión. Ni el más osado sistema educativo moderno llega a ser tan participativo como el medieval.

Por el P. Ricardo Basso, EP

 

Fuente:: Gaudium Press

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Por primera vez se expondrán al público las reliquias del Príncipe de los Apóstoles
(RV).- (Con audio) Por primera vez se expondrán al público las reliquias del Príncipe de los Apóstoles El próximo domingo, 24 de noviembre, con ocasión de la solemne conclusión del Año de la fe, en la Plaza de San Pedro se expondrán las reliquias del primer Papa. Se trata de una urna especial con los presuntos huesos del Príncipe de los Apóstoles, que en 1971 fue dada en homenaje al Papa Pablo VI.
La urna, que se custodió en el apartamento papal hasta el final del pontificado de Benedicto XVI, en los años pasados era expuesta cada 29 de junio, con ocasión de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo Apóstoles, pero siempre desde el interior de la capilla privada del Papa. El próximo domingo, en cambio, por primera vez, las reliquias petrinas serán expuestas al público.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

Fuente:: News.va

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Desde el Santuario de Guadalupe hacia una cultura cristiana que reciba el Kerygma y se mantenga fiel
(RV).- (Con audio) Desde el Santuario de Guadalupe hacia una cultura cristiana que reciba el Kerygma y se mantenga fiel Al entrar en su fase final el encuentro y peregrinación “Nuestra Señora de Guadalupe: Estrella de la Nueva Evangelización en el Continente Americano”, que se celebró del 16 al 19 de noviembre en el auditorio del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Ciudad de México, los participantes escucharon las ponencias de los cardenales Sean Patrick O’Malley, Arzobispo de Boston; José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara y Óscar Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa, quienes respondieron al tema “Cultura y sociedad en el continente americano: misión y contribución de la Iglesia”.
El Cardenal O’Malley advirtió acerca del tránsito de un “catolicismo cultural a un catolicismo intencional”, por lo cual es muy importante – dijo – trabajar con los católicos que no se van y permanecen en la Iglesia, “quienes quedan más fortalecidos y con más disposición de convertirse en discípulos y misioneros”. También se refirió a la importancia de aprender las lecciones de los abusos a menores, a fin de que “la protección de los niños sea una prioridad y evitar improvisaciones”.
El Cardenal hondureño Rodríguez Maradiaga identificó que en la actualidad hay un espacio cultural – fragmentado y plural –, que debería ser integrado a través de una auténtica cultura cristiana. Por otro lado, se mostró convencido de que lanzar la Misión Continental “exige una decisión y audacia, que entienda y atienda las actuales circunstancias, las cuales no deben verse como problemas, sino como oportunidades”. E invitó a que la Iglesia ratifique su opción por los jóvenes, a través de una pastoral juvenil organizada, “que no esté circunscrita a eventos, sino un camino de formación y compromiso que permita arraigar y hacer crecer la fe”.
Por su parte, el Cardenal mexicano Robles Ortega hizo un llamado “a reconocer los signos de los tiempos”, y a dirigir la mirada de los discípulos misioneros sobre la realidad actual. Y explicó que hoy en día ya no se transmite la fe – como era antes – a través de la educación o la familia, que era un vehículo seguro para la transmisión de la fe. A la vez que advirtió que “hoy esto viene siendo erosionado, es deficiente o se detiene”.
Prosiguió diciendo que un reto para la Iglesia es “conseguir que la fe se haga cultura”, evitando que el cristianismo sea transmitido solamente “como un bagaje cultural o conjunto de valores pero sin Cristo, dado que esto le hace perder su real atractivo”. “Hay que reproponer la presentación del Kerygma – dijo –, con dinamismo, que saque de la parálisis, y se convierta en el núcleo de nuestra predicación”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

Fuente:: News.va

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ConsejoDiocesanoPastoral-001-240x180El sábado 16 de noviembre se constituyó el nuevo Consejo Diocesano de Pastoral de la Diócesis de Guadix, el primero que tiene lugar bajo el episcopado de Mons. Ginés García. La constitución del mismo culmina el deseo del Obispo accitano de completar la estructura pastoral diocesana, a  la que le faltaba, aún, la creación de este Consejo, que va a servir, sin duda, para estimular la pastoral diocesana. La elección de los miembros del Consejo ha tenido lugar en las últimas semanas y fue, definitivamente, el sábado 24 de noviembre cuando quedó constituido para los próximos cuatro años.

Los miembros que componen Consejo Diocesano de Pastoral son 24, y en ellos quedan representadas las distintas delegaciones  e instituciones diocesanas. Presidiéndolo se encuentra el Obispo diocesano, que será quien lo convoque en sesiones ordinarias o cuando lo estime conveniente. Algunos consejeros pertenecen al Consejo de pleno derecho, otros han sido propuestos por las distintas instituciones diocesanas y algunos lo han sido por elección directa del prelado. Con ese número y ese sistema de selección se pretende que queden representados todos los sectores pastorales de la diócesis.

Aún faltaba

Desde que llegó a la diócesis accitana Mons. Ginés García, se inició un proceso de renovación diocesana que, prácticamente, culmina con la puesta en marcha del Consejo Diocesano de Pastoral. Primero se renovaron las instituciones diocesanas más apegadas al día a día y a la pastoral aplicada. Finalmente, se ha constituido el órgano que coordina y estimula todas esas acciones pastorales.

Además,  en estos tres años y medio desde que llegase Mons. Ginés García a la sede accitana, se han renovado los Estatutos del Consejo Diocesano de Pastoral, para hacerlos más actuales y más acordes a la nueva realidad diocesana y pastoral. Una vez sentadas las nuevas bases del Consejo, se ha procedido a su constitución.

El Consejo Diocesano de Pastoral es una institución importante que aún faltaba en la Diócesis de Guadix, desde que fuese nombrado  Mons. Ginés García como prelado accitano. En ese momento, el Consejo Diocesano de Pastoral que había con Mons. Juan García-Santacruz, según marcan los Estatutos, cesó en sus funcione. Desde entonces, a finales de febrero de 2010, la Diócesis de Guadix estaba necesitada de esta institución tan importante para la pastoral diocesana.

Primera reunión

La primera reunión del nuevo Consejo Diocesano de Pastoral tuvo lugar el sábado 24 de noviembre. Fue una reunión constituyente, pero también los fue explicativa, ya que sirvió para dar a conocer las funciones de este organismo diocesano.

El Obispo de Guadix, que presidió la reunión, habló de las funciones del Consejo y de los consejeros y animó a todos a trabajar por el bien de la diócesis. También se explicaron los cambios realizados en los nuevos estatutos.

Durante el transcurso de la reunión hubo tiempo para que los consejeros se reunieran por grupos de trabajo y expresaran su opinión sobre la realidad diocesana y sus necesidades pastorales. Las propuestas fueron escuchadas por el prelado accitano. Se habló, especialmente, de la necesidad de estimular y dinamizar  la pastoral diocesana, para que responda mejor a las nuevas situaciones que se producen en estos tiempos de cambio.

Entre las funciones del Consejo Diocesano de Pastoral, según los nuevos estatutos,  están las siguientes:

– Promover la comunidad eclesial

– Analizar la realidad pastoral diocesana para comprender su problemática y exigencias

– Valorar las actividades pastorales y sugerir al Obispo algunas propuestas

– Ayudar al Obispo en las programaciones pastorales diocesanas

– Revisar periódicamente la realización y cumplimiento de las acciones previstas

– Sugerir al Obispo todo aquello que pueda afectar a la mejor organización y funcionamiento de la acción pastoral

– Expresar su parecer y sentir en relación con aquellos problemas o situaciones que demandan una iluminación cristiana orientadora para los creyentes.

Los miembros

Ésta es la lista de los  24 miembros que constituyen el Consejo Diocesano de Pastoral:

MIEMBROS NATOS

D. José Díaz Guijarro, Vicario General

D. Andrés Galiano Ruiz, Vicario Episcopal

D. Juan José Toral Fernández, Vicario Episcopal

D. José Francisco Serrano Granados, Rector del Seminario

D. Manuel Millán Arjona, Canciller Secretario

ARCIPRESTES

D. José Manuel Suárez Fernández, Arcipreste Vicaría de Baza

D. Salvador Cifuentes Hortal, Arcipreste Vicaría de Guadix

DELEGACIONES DIOCESANAS

D. Damián Pérez Sánchez

Hna. Presentación Portillo Zaballos

INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA

M. María Peinado Muñoz, Religiosa de la Presentación

Dª Eugenia Sierra Puertas, Activa del Apostolado Seglar

ARCIPRESTAZGOS

Baza: D. Juan Carlos Valle Plaza

Fardes: Dª Primitiva Martínez Martínez (Darro)

Guadix: D. Eduardo Salas Romo

Jabalcón: D. Antonio González González (Zújar)

Marquesado: D. Rafael Cabrera Pérez, (La Calahorra)

Montes: D. Antonio Jesús M. Soto (Fonelas)

Sagra: Dª Miriam Martínez Soriano (Galera)

MOVIMIENTOS ECLESIALES

Dª Maribel Sánchez Royo, Teresiana

PIEDAD POPULAR

D. Pedro Carrión Encinas, Baza

CÁRITAS

Dª Adoración Morillas Hernández

DESIGNACIÓN EPISCOPAL

D. José María Tortosa Alarcón, sacerdote

Dª Emilia Muñoz Sánchez, seglar de Huéscar

D. Manuel Torralbo Corral, seglar de Baza

Fuente:: SIC

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1_0_748210El perdón de los pecados es un don que ofrece Jesús resucitado a los apóstoles, junto con la paz, la alegría, la misión –expresó el Obispo de Roma en la catequesis del 20 de noviembre de 2013. Explicó que, cuando en su primera aparición en el Cenáculo, Jesús les dice: “Reciban el Espíritu Santo, a los que les perdonen los pecados les serán perdonados…”, el soplo de Jesús, acompañado de las palabras con las cuales comunica el Espíritu, indica la transmisión de la vida, la vida nueva regenerada por el perdón. A través del ministerio apostólico, la misericordia de Dios me alcanza, mis pecados son perdonados y me es dada la alegría.

Jesús da el poder de perdonar los pecados. La Iglesia acompaña nuestro camino de conversión durante toda la vida. Dios no se cansa de perdonar, nosotros no tenemos que cansarnos de pedir perdón. A veces sucede que alguno dice que se confiesa directamente con Dios. Sí, Dios te escucha siempre, pero en el sacramento de la Reconciliación manda un hermano a darte el perdón, en nombre de la Iglesia. Es una cura, una medicina y tenemos la seguridad del perdón, de que Dios mismo me ha perdonado.

El sacerdote es instrumento para el perdón de los pecados. El servicio que presta como ministro, de parte de Dios, es muy delicado y exige que su corazón esté en paz, que no maltrate a los fieles, sino que sea humilde, benévolo y misericordioso, que sepa sembrar esperanza en los corazones, y sobre todo que sea conciente que el hermano y la hermana que se acercan al sacramento de la reconciliación buscan el perdón y lo hacen como tantas personas se acercaban a Jesús para curarse. El sacerdote que no tenga esta disposición de espíritu, es mejor que, hasta que no se corrija, no administre este sacramento. Los fieles penitentes tienen el derecho de encontrar en los sacerdotes servidores del perdón de Dios.

El Papa llamó tambien a no olvidar las víctimas del aluvión en Cerdeña y pidió rezar por ellos en silencio.

Resumen de su catequesis y saludos del Papa

Hoy quiero hablar del perdón de los pecados, que forma parte de la “potestad de las llaves” que Jesús dio a sus Apóstoles.

El protagonista del perdón de los pecados es el Espíritu Santo. Jesús Resucitado, antes de comunicar su Espíritu, mostró los signos de su Pasión, que representan el precio de nuestra salvación, indicando así que el Espíritu Santo otorga el perdón de Dios “pasando a través” de las llagas de sus manos y su costado. A su vez, la Iglesia es depositaria de esta potestad. Sin ser dueña, es servidora del ministerio de la reconciliación a favor de los hombres, acompaña su camino de conversión y se alegra siempre de ofrecer este don divino. Dios ha querido que recibamos su perdón mediante los ministros de la Comunidad. El sacerdote, un hombre que como todos tiene necesidad de misericordia, es a su vez instrumento de reconciliación para sus hermanos. Ha de tener el corazón en paz para sembrar esperanza, y humildad para recibir al pecador que se acerca a él como al mismo Jesús.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Venezuela, Guatemala, Argentina, México y los demás países latinoamericanos. No olvidemos que Dios nunca se cansa de perdonarnos. Mediante el ministerio del sacerdote nos da un abrazo que nos regenera y nos permite levantarnos y retomar de nuevo el camino. Muchas gracias.

(jGO-RV)

La importante misión de las comunidades de clausura y de la familia, en favor de la humanidad, centraron los llamamientos que pronunció el Papa Bergoglio, en su audiencia general de hoy, en la que recordó también a las víctimas de las inundaciones en Cerdeña.

En la víspera de la fiesta de la Presentación de María, Francisco dedicó un recuerdo especial a cuantos en todo el mundo consagran su vida a la oración en la vida contemplativa, invitando a brindar nuestro apoyo espiritual y material y elevando nuestra gratitud a Dios:

«Mañana, 21 de noviembre, en la memoria litúrgica de la Presentación de María Santísima en el Templo, celebramos la Jornada pro Orantibus, dedicada al recuerdo de las comunidades religiosas de clausura. Es una ocasión oportuna para agradecer al Señor por el don de tantas personas que, en los monasterios y ermitas, se dedican a Dios en la oración y el trabajo silencioso. Demos gracias al Señor por los testimonios de vida de claustral y no dejemos que falte a estos nuestros hermanos y hermanas, nuestro apoyo espiritual y material, para que puedan cumplir su importante misión».

Recordamos, que en la conmemoración de la Jornada Pro Orantibus, – instituida por Pío XII, el 21 de noviembre de 1953 – por lo que se cumplen 60 años – este jueves, el Papa Francisco visitará el monasterio de las Hermanas Camaldulenses de San Antonio Abad al Aventino (Roma), donde recitará las Vísperas en común y adorará el Santísimo Sacramento.

El Santo Padre destacó asimismo, en su audiencia general de hoy, la inauguración del Año Internacional de la Familia Rural y junto con su apoyo deseó que esta iniciativa valorice los innumerables beneficios económicos, sociales, culturales y morales que familia aporta toda la comunidad humana:

«El próximo 22 de noviembre, será inaugurado por las Naciones Unidas el “Año Internacional de la Familia Rural”, que se propone también subrayar que la economía agrícola y el desarrollo rural encuentran en la familia un operador respetuoso de la creación y atento a las necesidades concretas. También en el trabajo, la familia es un modelo de fraternidad para vivir una experiencia de unidad y de solidaridad entre todos sus miembros, con una mayor sensibilidad hacia los más necesitados de cuidados y de ayuda, deteniendo de raíz cualquier conflicto social. Por estas razones, mientras expreso mi satisfacción por esta iniciativa oportuna, espero que la misma contribuya a valorizar los innumerables beneficios que la familia aporta al crecimiento económico, social, cultural y moral de toda la comunidad humana».

El Papa Francisco recordó luego que en este mes de noviembre, la liturgia nos invita a la oración por los difuntos y, alentando a que no olvidemos a nuestros seres queridos, a los bienhechores y a todos aquellos que nos han precedido en la fe, puso de relieve que la Eucaristía es la mejor ayuda espiritual que podemos brindar a sus almas, especialmente a las más abandonadas.

«No podemos olvidar a las víctimas de las recientes inundaciones en Cerdeña: oremos por ellos y por sus familiares y nos solidarizamos con cuantos que han sufrido daños», dijo también el Santo Padre, recordando la tragedia ocurrida en esta isla de Italia. E invitó a rezar primero en silencio y luego un Ave María, para que la Virgen bendiga y ayude a todos los hermanos y hermanas sardos.

Traducción del texto completo de la catequesis del Papa en Italiano

Creo en la remisión de los pecados. La potestad de las llaves.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!El miércoles pasado hablé de la remisión de los pecados, con referencia particular al bautismo. Hoy continuamos con el tema del perdón de los pecados, pero en referencia a la llamada “potestad de las llaves”, que es un símbolo bíblico de la misión que Jesús dio a los Apóstoles.

En primer lugar, debemos recordar que el protagonista del perdón de los pecados es el Espíritu Santo. Él es el protagonista. En su primera aparición a los Apóstoles en el Cenáculo, -hemos escuchado- Jesús resucitado hizo el gesto de soplar sobre ellos, diciendo: “Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”. (Jn 20:22 -23). Jesús, transfigurado en su cuerpo, ahora es el hombre nuevo, que ofrece los dones de Pascua fruto de su muerte y resurrección: ¿y cuáles son estos dones? La paz, la alegría, el perdón de los pecados, la misión, pero sobre todo dona al Espíritu Santo que todo esto es la fuente. Del Espíritu Santo vienen todos estos dones. El aliento de Jesús, acompañado de las palabras con las que comunica el Espíritu, indica la transmisión de la vida, la nueva vida regenerada por el perdón.

Pero antes de hacer el gesto de soplar y donar el Espíritu, Jesús muestra sus heridas en sus manos y el costado: estas heridas representan el precio de nuestra salvación. El Espíritu Santo nos trae el perdón de Dios “pasando por “las llagas de Jesús. Estas llagas que Él ha querido conservar. También en este tiempo, en el cielo, Él muestra al Padre las heridas con las que nos ha redimido. Y por la fuerza de estas llagas son perdonados nuestros pecados. Así que Jesús dio su vida por nuestra paz, por nuestra alegría, por la gracia de nuestra alma, para el perdón de nuestros pecados. Y esto es muy bonito, mirar a Jesús así.

Y vengamos al segundo elemento: Jesús da a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados. ¿Pero cómo es esto? Porque es un poco difícil entender como un hombre puede perdonar los pecados. Jesús da el poder. La Iglesia es depositaria del poder de las llaves: para abrir, cerrar, para perdonar. Dios perdona a cada hombre en su misericordia soberana, pero Él mismo quiso que los que pertenezcan a Cristo y a su Iglesia, reciban el perdón a través de los ministros de la Comunidad. A través del ministerio apostólico la misericordia de Dios me alcanza, mis pecados son perdonados y se me da la alegría. De este modo, Jesús nos llama a vivir la reconciliación incluso en la dimensión eclesial, comunitaria. Y esto es muy hermoso. La Iglesia, que es santa y a la vez necesitada de penitencia, nos acompaña en nuestro camino de conversión toda la vida. La Iglesia no es la dueña del poder de las llaves: no es dueña, sino que es sierva del ministerio de misericordia y se alegra siempre que puede ofrecer este regalo divino.

Muchas personas, quizá no entienden la dimensión eclesial del perdón, porque domina siempre el individualismo, el subjetivismo, y también nosotros cristianos sufrimos esto. Por supuesto, Dios perdona a todo pecador arrepentido, personalmente, pero el cristiano está unido a Cristo, y Cristo está unido a la Iglesia. Y para nosotros cristianos hay un regalo más, y hay también un compromiso más: pasar humildemente a través del ministerio eclesial. ¡Y eso tenemos que valorizarlo! Es un don, pero es también una curación, es una protección y también la seguridad de que Dios nos ha perdonado. Voy del hermano sacerdote y digo: “Padre, he hecho esto…” “Pero yo te perdono: es Dios quien perdona y yo estoy seguro, en ese momento, que Dios me ha perdonado. ¡Y esto es hermoso! Esto es tener la seguridad de lo que siempre decimos: “¡Dios siempre nos perdona! ¡No se cansa de perdonar!”. Nunca debemos cansarnos de ir a pedir perdón. “Pero, padre, me da vergüenza ir a decirle mis pecados…”. “¡Pero, mira, nuestras madres, nuestras mujeres, decían que es mejor sonrojarse una vez, que mil veces tener el color amarillo, eh!” Tú te sonrojas una vez, te perdona los pecados y adelante…

Finalmente, un último punto: el sacerdote instrumento para el perdón de los pecados. El perdón de Dios que se nos da en la Iglesia, se nos transmite a través del ministerio de un hermano nuestro, el sacerdote; también él un hombre que, como nosotros, necesita la misericordia, se hace realmente instrumento de misericordia, dándonos el amor sin límites de Dios Padre. También los sacerdotes deben confesarse, incluso los obispos: todos somos pecadores. ¡Incluso el Papa se confiesa cada quince días, porque el Papa es también un pecador! Y el confesor siente lo que yo le digo, me aconseja y me perdona, porque todos tenemos necesidad de este perdón. A veces se oye a alguien que dice que se confiesa directamente con Dios… Sí, como decía antes, Dios siempre te escucha, pero en el Sacramento de la Reconciliación envía un hermano para traerte el perdón, la seguridad del perdón, en nombre de la Iglesia.

El servicio que presta el sacerdote como ministro, por parte de Dios, para perdonar los pecados, es muy delicado, es un servicio muy delicado y requiere que su corazón esté en paz; que el sacerdote tenga el corazón en paz, que no maltrate a los fieles, sino que sea apacible, benevolente y misericordioso; que sepa sembrar esperanza en los corazones y, sobre todo, que sea consciente de que el hermano o la hermana que se acerca al sacramento de la Reconciliación busca el perdón y lo hace como se acercaban tantas personas a Jesús, para que las curara. El sacerdote que no tiene esta disposición de ánimo es mejor, que hasta que no se corrija, no administre este Sacramento. Los fieles penitentes tienen el deber ¿no? Tienen el derecho. Nosotros tenemos el derecho, todos los fieles de encontrar en los sacerdotes los servidores del perdón de Dios.

¿Queridos hermanos y hermanas, como miembros de la Iglesia, -pregunto-somos conscientes de la belleza de este don que Dios mismo nos da? ¿Sentimos la alegría de esta curación, de esta atención maternal que la Iglesia tiene para nosotros? ¿Sabemos valorarla con simplicidad? No olvidemos que Dios nunca se cansa de perdonarnos; mediante el ministerio del sacerdote nos estrecha en un nuevo abrazo que nos regenera y nos permite levantarnos de nuevo y reanudar el camino. Porque ésta es nuestra vida: continuamente levantarse y seguir adelante. ¡Gracias!

(Traducción del italiano: Eduardo Rubiò- Radio Vaticano)

Fuente:: SIC

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Transmitir el tesoro de la feLos Obispos de Cataluña, en la última reunión de la Conferencia Episcopal Tarraconense, han aprobado un Documento que lleva por título Transmitir el tesoro de la Fe, y que se hace público el domingo 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey, fecha en la que la Iglesia Católica cierra el Año de la Fe.

Los Obispos recuerdan que evangelizar es la misión encomendada por Jesús a su Iglesia y es un deber de amor, porque «quien se ha abierto al amor de Dios, ha escuchado su voz y ha recibido su luz, no puede retener este don para él solo» (Papa Francisco). Siguiendo el camino que ya iniciaron en el documento Creer en el Evangelio y anunciarlo con nuevo ardor, los obispos de Cataluña quieren reflexionar sobre «algunos aspectos de la misión de transmitir y vivir la fe que la Iglesia tiene, y precisar mejor algunos de sus caminos en la actual situación religiosa y social».

La carta hace un breve recorrido por los tres principales momentos del proceso evangelizador: el primer anuncio, dirigido a los no creyentes y a los que, de hecho, viven en la indiferencia religiosa; la iniciación cristiana para aquellos que, movidos por la gracia, deciden seguir a Jesucristo; y el crecimiento permanente de la fe de los cristianos que necesitan alimentarla y madurar durante toda la vida.

Activos en el primer anuncio del Evangelio

Los Obispos constatan que en Cataluña «son muchos los que necesitan y desean este anuncio que los conduzca al encuentro con el Evangelio» y recuerdan que la responsabilidad del primer anuncio del Evangelio corresponde a cada cristiano. Por ello proponen «adelantarnos, testimoniar, dialogar y proponer la fe con la audacia que tenían los primeros apóstoles y discípulos, que hablaban con valentía, confiados en el Señor (Hch 14,3)».

Iniciar a la experiencia cristiana

«Cada uno de nosotros ha recibido el tesoro de la fe en la Iglesia y por la Iglesia. Es gracias a ella que hemos podido acoger a Cristo y es ella quien nos ha engendrado a la fe por la Palabra y los Sacramentos». Los Obispos manifiestan que la Iniciación cristiana es la expresión más significativa de la función maternal de la Iglesia. Hoy, en nuestro país, la Iniciación se hace con los niños que son bautizados en los primeros meses de su vida y se recorre a través del proceso catequético, pero también con las personas no bautizadas (niños, jóvenes y adultos) la cual se desarrolla en el Catecumenado. Los Obispos piden que la catequesis tenga «un carácter marcadamente evangelizador y misionero».

Afirman que la familia tiene la responsabilidad originaria en la transmisión de la fe y que, por parte de algunos, esta responsabilidad se lleva a cabo con gran coraje. Piden también que las comunidades cristianas sostengan a las familias en la educación de sus hijos.

Perseverar en el crecimiento de la vida cristiana

Los Obispos recuerdan que Jesucristo es lo esencial en la vida del cristiano: «Estamos convencidos de que comunicaremos el Evangelio en la medida que nos centremos decididamente en lo que es más fundamental, la fe en Jesucristo Resucitado, creída en la Iglesia». Animan a comunicar a Cristo «a través de nuestra manera de ser y de vivir en el mundo, mostrando siempre un rostro fraterno, abierto y acogedor, expresión de una humanidad intensa y cordial», y proponen algunas de las indicaciones que en este momento son importantes para comunicar y transmitir esta fe.

El Documento Transmitir el tesoro de la Fe, se publica por Editorial Claret en la Colección Documentos del Magisterio.

(arquebisbattarragona.cat)

Fuente:: SIC

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Mons. Amadeo RodríguezMons. Amadeo Rodríguez     Queridos diocesanos:

Cuando me reúno con niños o jóvenes, con frecuencia me preguntan cómo es un día ordinario en la vida del obispo. Mi respuesta siempre va precedida de una observación: les digo con sinceridad que no es fácil para mí hacer un diseño de una jornada habitual en mi vida. Es más difícil responder cuando, como sucede ahora, estoy en visita pastoral al arciprestazgo de Miajadas. Eso me convierte en obispo itinerante, para el que cada día es distinto, aunque en esta itinerancia todo sea estable; porque cuando se visita a las parroquias de la diócesis no se va de paso, sino para estar tranquilamente en ellas y entre la gente. Durante esos días en cada parroquia está la residencia episcopal.

Al contaros lo que sucede en cada pueblo, entenderéis lo que os digo. Hace ya algunas fechas que comencé la visita pastoral, y a día de hoy os puedo decir que estoy francamente muy contento: cada visita a una parroquia es una verdadera fiesta. Y lo es por muchas razones: ante todo por la actitud con la que voy, con ilusión y mucho afecto; pero lo es especialmente por la acogida tan cariñosa que experimentó en cada pueblo que visito. Se nota que ha sido preparada con una buena catequesis, en la que se han mostrado los rasgos eclesiales que ayudan a los fieles a descubrir quién es realmente el obispo, lo que significa en su vida cristiana y, sobre todo, lo que va a hacer en su encuentro con cada una de las comunidades.

En efecto, cuando llego a las parroquias, y durante el tiempo que transcurre la visita, todo es más fácil para ellos y para mí, y la sintonía es mayor, si se sabe interpretar mi paso por ellas. Yo lo noto de inmediato e intuyo enseguida que también los que me reciben: se experimenta que la sintonía está en saber que un cristiano llega entre cristianos. Hablamos de muchas cosas, como enseguida os diré, pero cuando hablamos de Jesucristo encontramos siempre el argumento que nos une y la Persona que focaliza nuestro corazón. Se nota enseguida que el pueblo cristiano sencillo suele llevar la fe a flor de piel.

A partir de esa primera sintonía en la fe es más fácil la misión que me lleva a estar entre los sacerdotes, los consagrados -allí donde están presentes-, y los laicos que constituyen el círculo más activo y unido de la comunidad cristiana. Estos son los que por su formación y por su compromiso eclesial descubren con mayor hondura al obispo como el padre y pastor, que en nombre de Jesucristo, el Buen Pastor, les visita para alentarles en su vida cristiana. Es de ese núcleo de quien el obispo recoge un conocimiento más cercano, detallado y exacto de la vida de la comunidad que visita. Con los más comprometidos en las parroquias se celebra una asamblea, que es un fiel reflejo de lo que esa comunidad vive cada día y cada año. Los grupos, movimientos, asociaciones, cofradías me exponen las actividades que desarrollan, así como las motivaciones que les mueven en su participación corresponsable en la vida parroquial. De un modo detallado me hablan de la catequesis, de la formación de los laicos, de la celebración de la Eucaristía y de los sacramentos, de sus fiestas litúrgicas y populares, de su vida de oración, de su piedad individual y comunitaria, de su actitud de servicio a los más pobres y de sus inquietudes apostólicas. En esa asamblea, en la mayoría de las ocasiones, al contarle al obispo lo que hacen, se cuentan ellos mismos la riqueza de su vida cristiana, y descubren que están siempre proyectados hacia la evangelización. Como el obispo suele llevar los ojos muy abiertos, para conocer del mejor modo posible todos los entresijos de la Diócesis, procura estar muy atento a todo lo que se hace, para estimular lo bueno, orientar lo que necesite ser completado y corregir lo que tenga que cambiar de rumbo.

Y no deja de mirar con atención y preocupación hacia la situación de los pueblos: sus posibilidades, sus carencias, sus problemas. Se informa, sobre todo, de la pobreza que se manifiesta en cada comunidad cristiana y anima a todos hacia la caridad, invitando siempre a mirar al hermano desde el corazón de Cristo. Pero no sólo se informa, también se pone en contacto con todas las realidades sociales de la parroquia y del pueblo: se acerca con respeto a sus autoridades; visita los centros educativos; se deja acoger en los lugares de trabajo y desarrollo de la gente; se reúne con las asociaciones y, en especial, las de carácter social y cultural; está muy cerca de los mayores y conoce uno a uno a los enfermos y lleva la cercanía de la Iglesia tanto a ellos como a sus familiares.

Naturalmente celebra la Eucaristía, y es de en este Sacramento como se manifiesta una Iglesia en marcha y unida. En la Eucaristía se pone en el altar la esperanza reflejada en la vida de cada parroquia; se fortalece la unidad entre sus miembros y con la Iglesia diocesana; y se anima la misión que todos juntos realizamos en esta porción de tierra en la que vive la gente que por la fe en Jesucristo forma en pueblo de Dios que camina en Plasencia.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia

Fuente:: Mons. Amadeo Rodríguez

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